El avance tecnológico librará a la Humanidad de sus penalidades

(Publicado inicialmente en La Provincia, el 28 de mayo de 2017)

Vivimos en un mundo tan sumamente inmerso en la tecnología que, con frecuencia, es difícil reflexionar sobre sus implicaciones. Según el Diccionario de la lengua española, tecnología es el conjunto de teorías y técnicas que permiten el aprovechamiento práctico del conocimiento científico. El manejo del fuego y la industria lítica fueron nuestras primeras tecnologías, a las que siguieron la agricultura y ganadería, con los aparejos necesarios, como vasijas y arados. La sedentarización demandó nuevas técnicas constructivas y de control de las aguas fluviales. Con ello llegó la escritura y la tecnología que permitía fijarla, pues sociedades cada vez más complejas necesitaba llevar registros de sus intereses. La guerra fue un importante motor de innovación tecnológica, y la metalurgia encontró rápida utilidad en los campos de batalla. Civilizaciones del bronce, a veces culturalmente superiores, fueron desplazadas por las que dominaron la tecnología del hierro. Las progresivas concentraciones urbanas y los frecuentes choques militares, estimularon el desarrollo tecnológico, que fue enorme en Roma y la llevó a dominar el Mundo Antiguo. Más tarde, en la Edad Media, el avance tecnológico dio lugar a mejoras en la navegación, posibilitando el comercio. ¿Y qué decir del mundo moderno y contemporáneo? El aumento acelerado de nuevos conocimientos científicos y su aplicación práctica por medio de la tecnología dio lugar a nuevos sistemas constructivos, de transporte, de producción y de telecomunicación. Las tecnologías energéticas, la electricidad, la tecnología química, las tecnologías del agua y de los alimentos, las tecnologías de la información han cambiado drásticamente nuestro mundo en tan solo unas pocas generaciones.

La tecnología supone, para nuestra especie y para nuestro planeta, mucho más que los artículos de consumo que ha hecho posible, y con los que nos hemos familiarizado durante las tres o cuatro últimas generaciones. Más allá del uso simplón propio de los dispositivos móviles, que miramos sin parar, para comunicarnos, trabajar o, simplemente, perder el tiempo, la tecnología es la gran herramienta con la que afrontar las prioridades políticas globales. Tales están determinadas por los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas, y requieren el concurso de innovación tecnológica e investigación científica aplicada para su superación. Debemos advertir que el desarrollo sostenible es una moneda de dos caras: desarrollo significa mejora social y económica del conjunto de la población mundial; sostenible, que tal se lleve a cabo sin comprometer el bienestar de las generaciones futuras. La cuestión no es sencilla. El afortunado incremento de la esperanza de vida, que ha pasado a nivel mundial de unos 50 años a principios del siglo XX a algo más de 70 en la actualidad, ha traído, como lógico corolario, un fuerte incremento de la población mundial: de unos 1.650 millones de personas en todo el mundo en el año 1900, hemos pasado a unos 6.000 millones en el año 2000 y a más de 7.000 millones en la actualidad. Sin embargo, la esperanza de vida mantiene una enorme variación según sea el desarrollo de los países, pudiendo superar los 80 años en los países desarrollados, y apenas alcanzar los 40 en los más pobres. Por tanto, según vayan mejorando las condiciones socioeconómicas en dichos países, y con ello su esperanza de vida, irá aumentando rápidamente la población mundial. Tanto más porque las bajas esperanzas de vida se deben principalmente a altas tasas de mortalidad infantil que se reducen progresivamente. Esta población creciente demandará mayor bienestar y mejores servicios, lo que redundará en una exigencia adicional sobre los recursos naturales del planeta. Asegurar un crecimiento económico global, que proporcione bienestar en todos los territorios, preservando el planeta es un reto de mayúsculas dimensiones, que requiere el concurso de la educación, la ciencia, la tecnología y la colaboración internacional para ser abordado con éxito.

La medicina no ha sido ajena a la evolución tecnológica. Por el contrario, la tecnología ha permitido elevar la eficacia médica hasta niveles inimaginables hace sólo unas pocas décadas, jugando un papel esencial, junto con la higiene y la nutrición, en el aumento referido de la esperanza de vida. Es más, las enfermedades con las que hoy en día nos enfrentamos serán, antes o después, vencidas por el avance tecnológico. Tristemente, el acceso a la medicina más avanzada no es, ni mucho menos, homogéneo a lo largo y ancho de nuestro planeta y, ni siquiera, dentro cada una de las sociedades de las que formamos parte. La salud de la población mundial es uno de los 17 Objetivos del Desarrollo Sostenible establecidos por Naciones Unidas y, como pasa con los restantes, no podrá ser alcanzado sin el uso efectivo de la tecnología.

Pensemos brevemente en qué consiste la tecnología médica, cómo nos hemos beneficiado todas las personas por su desarrollo. La salud es una preocupación que han compartido, y seguirán haciendo, todos los seres humanos en el pasado, presente y futuro. Curiosamente, la tecnología médica es relativamente reciente. La tecnología para curar enfermedades ha ido muy a la zaga de la que, a lo largo de nuestro pasado, se ha utilizado para guerrear. También de la que posibilitó cultivar, navegar, comunicarse o construir. ¿Por qué? No puedo dar una respuesta definitiva. Tal vez se deba a la propia complejidad del organismo humano y de sus enfermedades, acompañadas de las dificultades religiosas y éticas que han acompañado su estudio y tratamiento. Piénsese que uno de los más universales dispositivos médicos, el termómetro clínico, tuvo que esperar hasta la segunda mitad del siglo XIX para ser introducido por Wunderlich. No fue hasta finales del S. XIX cuando acontece una verdadera revolución en la tecnología médica, con dos nombres fundamentales: Pasteur, pionero de la vacunación, y Röntgen, descubridor de los Rayos X y precursor de la radiología. Unas décadas después, Fleming descubrió las propiedades antibióticas de la penicilina. El avance tecnológico mejoró a lo largo del siglo XX las vacunas, los medicamentos y el estudio del cuerpo sano y enfermo, añadiendo formidables avances en las terapias quirúrgicas, como es el caso de los procedimientos mínimamente invasivos. La mejora diagnóstica y en la efectividad de vacunas y fármacos, la disminución de su toxicidad y efectos secundarios, y el desarrollo de procedimientos quirúrgicos cada vez menos agresivos, ha sido, gracias al avance tecnológico, constante desde entonces, contribuyendo a la mejora global de la salud.

Una característica habitual de la tecnología médica es su elevado coste de adquisición, mantenimiento y operación. Además, su máximo aprovechamiento demanda una formación especializada, tanto para médicos como para ingenieros. Todo ello dificulta su despliegue universal, alejando su potencial benefactor de muchos seres humanos. ¿Hay algo que podamos hacer al respecto? Ciertamente es una quimera pensar que vamos a sustituir las versiones más avanzadas y costosas de sistemas de tecnología médica por otros de bajo coste, universalmente accesibles, al menos en el medio plazo. Sin embargo, tal vez sea posible aumentar el esfuerzo para desarrollar nuevos sistemas de alta tecnología y bajo coste, así concebidos desde un inicio, y cuya producción se base en modelos de negocio innovadores que los haga posible. Una nueva generación de tecnologías, médica entre ellas, se extenderá universalmente, impulsando la consecución de los objetivos del desarrollo sostenible en el mundo, con unos costes muy inferiores a los de la producción industrial convencional. Serán clave para ello el software y hardware abiertos, la cultura maker, expresión de la popularización de las tecnologías de prototipado rápido, de la fabricación aditiva, del control electrónico, y de las licencias no restrictivas de propiedad industrial.

La especialización inteligente de la economía canaria en este tipo de tecnologías, con sus correspondientes modelos de negocio, supone una oportunidad para nuestro propio crecimiento económico sostenible. Estoy convencido que el diseño de alta tecnología de bajo coste, los modernos paradigmas de fabricación, y la comercialización con modelos empresariales disruptivos en cuanto a la gestión de la propiedad industrial, no sólo será útil en medicina, sino que determinará la satisfacción de los Objetivos del Desarrollo Sostenible, ofreciendo grandes opciones a las economías que se especialicen en ello.

El objetivo del proyecto europeo INTERREG MACbioIDI es proporcionar una prueba de concepto de ello. Está coordinado por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, y participan Universidad de La Laguna, Instituto de Astrofísica de Canarias, Instituto Tecnológico de Canarias, Servicio Canario de la Salud, entre otras entidades públicas y privadas de Canarias, Madeira, Azores, Mauritania, Cabo Verde Senegal, resto de España y EEUU. Debo mencionar la importante contribución de la Universidad de Harvard, a través del equipo del profesor Kikinis, catedrático de la misma, director del Laboratorio de Planificación Quirúrgica y director de colaboración del Centro Nacional de Terapia Guiada por Imágenes, en el Hospital Brigham & Women’s de Boston, así como director del Instituto Fraunhofer MEVIS, de visualización biomédica, en Alemania.

Canarias tiene una excelente oportunidad para convertirse en un nodo internacional de tecnologías para el desarrollo sostenible. ¡Hagámoslo realidad!

Portal web del proyecto MACbioIDi: http://mt4sd.ulpgc.es

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s