¡El Array de Telescopios Cherenkov (CTA) vendrá a La Palma!

Hoy hemos conocido una de los mayores éxitos que la ciencia y la tecnología española han tenido en los últimos años. El emplazamiento en el Hemisferio Norte del conjunto de telescopios Cherenkov (CTA en sus siglas en inglés), un sistema de observación de sucesos altamente energéticos generados en los confines del Cosmos, estará en el Observatorio del Roque de Los Muchachos del Instituto de Astrofísica de Canarias, en la isla de La Palma.

No ha sido fácil. En los proyectos internacionales de gran ciencia siempre se compite con excelentes candidaturas. Indudablemente, todos los países y regiones aspiran a albergar tales instalaciones. Se trata de proyectos que se mantienen activos décadas, que atraen multitud de visitantes cualificados y cuantiosas inversiones, que promocionan la mejor imagen internacional de un territorio y de una sociedad. Estos proyectos estimulan nuestra imaginación, enorgullecen a la colectividad, motivan a nuestros jóvenes, favorecen la colaboración internacional entre pueblos, y nos permiten satisfacer el más elevado anhelo que, como especie, los seres humanos tenemos: conocer. Pero no sólo eso. También son poderosas palancas de desarrollo social y económico. Requieren obra civil, provisión de servicios, la mejor innovación para resolver los más complejos retos tecnológicos. Oportunidades, en definitivas cuentas, para la generación de empresas, muchas de ellas intensivas en conocimiento y, con ello, para la creación de empleos de calidad. No es, por tanto, de extrañar que haya una muy dura competición internacional para atraer estas inversiones.

Por ello, en primer lugar, hay que reconocer el mérito de los científicos que han preparado la propuesta y han hecho posible el éxito de la candidatura. En primer lugar a la institución anfitriona, el Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), encabezado por el Prof. Rafael Rebolo, y que cuenta con la colaboración de un excelente equipo científico, técnico y administrativo. Sin ellos, hoy no estaríamos celebrando esta gran alegría. Gracias por hacerla posible. También hay que extender el agradecimiento al conjunto de la comunidad española especializada en astronomía de rayos gamma, así como al resto de la comunidad científica nacional e internacional con la que el IAC cotidianamente colabora. Son el mejor ejemplo de cooperación para afrontar retos compartidos, esencial para la ciencia y la tecnología modernas y, también, en otros ámbitos de actividad humana. Asimismo pienso que las Administraciones, particularmente los Gobiernos de España y de Canarias, han sabido articular el necesario marco de confianza y colaboración para facilitar el trabajo de los científicos y para hacer atractiva la propuesta. Ello, además, ha posibilitado prever cofinanciación europea del FEDER, regionalizada en Canarias  y asignada a ambas Administraciones, al proyecto, en línea con lo previsto en la Estrategia de Especialización Inteligente de Canarias (RIS3). Sin duda, también la reciente visita de S.M. El Rey a los Observatorios de Canarias, por motivo de su 30 aniversario, supuso un importante espaldarazo a la candidatura en el mejor de los momentos.

CTA detectará la dirección de llegada de radiación gamma de alta energía, originada a distancias y en tiempos cósmicos, a partir de un efecto físico al que le da nombre su descubridor, Pavel Cherenkov. La radiación gamma incidente genera una cascada de partículas en la atmósfera enormemente veloces, y cuya interacción a su vez con el medio atmosférico produce una señal detectable. Se necesitan varios telescopios de rayos gamma en una configuración concreta (array) para poder estimar con precisión la dirección de llegada de la radiación y, con ello, saber dónde se originó. A fin de cuentas, necesitamos dos oídos para saber de dónde llega el sonido… En este caso, habrá 20 telescopios en La Palma y 80 en Paranal (Chile), cuya distribución responde a la prioridad de cobertura del cielo observable que ha establecido el consorcio internacional. La inversión para ello en La Palma se estima en unos 90 millones de euros.

CTA forma parte de la “hoja de ruta” de ESFRI, siglas en inglés de Foro Estratégico Europeo de Infraestructuras de Investigación. Se trata de las prioridades europeas para grandes infraestructuras científicas, que cuentan además con socios del resto del mundo. En el caso de CTA participan directamente 13 países con sus agencias financiadoras: Alemania, Austria, Brasil, Francia, Holanda, Italia, Japón, Namibia, Polonia, Reino Unido, República Checa, Sudáfrica y Suiza. A ello hay que añadir unos mil científicos y técnicos de 170 institutos de investigación, pertenecientes a 31 países. España había intentado anteriormente otras tres candidaturas ESFRI: el Reactor Termonuclear Experimental de Fusión (ITER), que se fue a Francia, la Fuente Europea de Neutrones por Espalación (ESS), que se fue a Suecia, y el Telescopio Gigante Europeo (E-ELT), que se fue a Chile.

Por fin hemos tenido éxito en la candidatura de un gran proyecto internacional ESFRI. No sólo lo merecíamos. También lo necesitábamos. Era necesario llamar la atención sobre el valor de la ciencia, la tecnología y la innovación. Y una noticia como ésta es el mejor reclamo para lograrlo. También necesitábamos tener confianza en nuestras posibilidades y, con ello, la convicción de que en Canarias y en España somos capaces de hacer las cosas bien. Y, sobre todo, necesitábamos ilusión: Ilusión de mirar para delante sintiéndonos parte, todos, de algo mucho mayor que nosotros. De dejar de ver el mundo en blanco y negro, y volver a verlo en color.

Celebrado el éxito, tenemos que poner los pies en el suelo y la mirada en el futuro próximo para que no se frustre nuestra alegría. Hay que negociar con el Consorcio CTA múltiples detalles. Hay que aprovechar la oportunidad para estimular la industria tecnológica. Hay que saber que tenemos que darles oportunidades a las personas con talento, especialmente a los jóvenes. En general el sistema de ciencia e innovación español, y en particular el canario, han quedado muy debilitados por la crisis. Aprovechemos esta gran noticia, la ilusión que nos produce y el talento que hay en nuestra sociedad para construir un futuro mucho mejor. Es posible. Tiene que serlo.

Tras el debate: Potenciemos la marca #CanariasIDi

El pasado viernes 17 de abril, aproximadamente entre las 10 y las 11:30 de la mañana, celebramos una experiencia pionera e innovadora de apoyo a la I+D+i en Canarias: los dos rectores de ambas universidades públicas canarias, esto es, el Prof. Eduardo Doménech, por la Universidad de La Laguna (ULL),  y el Prof. José Regidor, por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC); el director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Prof. Rafael Rebolo, el director de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), Dr. Octavio Llinás, y el director de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información del Gobierno de Canarias (ACIISI), que esta líneas escribe, mantuvimos un debate abierto en Twitter sobre la I+D+i en Canarias, identificado con la etiqueta (hashtag) #CanariasIDi. El debate puede consultarse en https://tagboard.com/CanariasIDi/search y dio lugar a unos 700 Tweets. Además, su resultado fue recogido en varios de los principales medios de comunicación de Canarias.

El debate fue muy ilustrativo, además de enormemente correcto. Las personas que participaron mayormente tenían una verdadera preocupación y opiniones sobre la I+D+i y su papel en nuestra sociedad. De hecho, pienso que hay posiciones ampliamente compartidas, tanto por los colectivos involucrados en la I+D+i como por las personas que tenemos la responsabilidad de su gestión: financiación insuficiente, escasas opciones para los jóvenes en este ámbito, poca implicación del sector privado, necesidad de rejuvenecer y estabilizar plantillas en el sector público,…

Aparentemente casi todo el mundo tiene una opinión positiva de la ciencia, la tecnología y la innovación. Sin embargo, no somos capaces de impulsarla como nos gustaría. ¿Por qué no? ¿Qué pasa? ¿cuáles son las dificultades? Aquí van algunas de mis ideas al respecto:

  • No hay una verdadera percepción de la necesidad de prestarle atención a la ciencia, la tecnología y la innovación. Cierto que vivimos en un mundo tecnológico y sustentado en la ciencia. También que el conjunto de la sociedad muestra una cierta curiosidad hacia tales ámbitos. Pero no creo que esté asentada la idea de que tenemos que hacer esfuerzos para impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación aquí también, aún a costa de tener que renunciar a otras cosas. Dicho de otra manera, no creo que haya una predisposición, ni social ni política, a asumir los costes de oportunidad que un verdadero desarrollo de la sociedad del conocimiento comporta. Si viene y es gratis, todo el mundo lo celebrará. Pero si es a cambio de dejarse algo por el camino, esto es, si realmente es necesario priorizar, mucho me temo que ya no existe tan buena predisposición.
  • En otras economías, la I+D+i juega un papel importante en la competitividad y productividad empresarial. Hay empresas que hacen verdaderos avances científicos y espectaculares desarrollos tecnológicos. Han sido emprendedores y empresas privadas las que han impulsado los avances tecnológicos que han configurado nuestra sociedad a lo largo del S. XIX y del S. XX.  Ni el ámbito académico, ni el de la ciencia pública han sido los protagonistas, aunque hayan sido clave en la generación del ecosistema que ha hecho posible las innovaciones.
  • Sin embargo, en nuestro caso, la práctica ausencia de actividad empresarial sustentada en la I+D ha tenido por efecto que la investigación científica y el desarrollo tecnológico sean materias prácticamente de monopolio público. La brecha entre el ámbito científico-académico y la industria existe en todos sitios, pues cada cual tiene roles distintos que atender en la sociedad. Pero la brecha se vuelve insalvable cuando la actividad productiva no requiere apenas de la ciencia y la tecnología. Es más, no hay una demanda de los sectores productivos para que los poderes públicos promuevan la I+D, probablemente porque no se advierte como necesaria para tal actividad productiva.
  • Por tanto, es el sector público el que de forma prácticamente única soporta el peso de la I+D en Canarias, Aún así, el peso de la I+D en las políticas públicas es inferior al de otras CCAA españolas, a su vez, inferior al de otras regiones europeas. Es lógico, si no hay un sector privado que aproveche tal esfuerzo público, generando crecimiento sostenible y empleo de calidad, ¿puede ser una prioridad para los poderes públicos en un momento de enormes restricciones financieras? Ciertamente, la crisis económica ha desplazado a la I+D de la agenda social y política en Canarias, y en el conjunto de España.

Es fácil entender el círculo vicioso en el que estamos atrapados: no tenemos un sector productivo innovador, que aproveche y demande la ciencia y la tecnología. Por tanto, los poderes públicos, principalmente preocupados en la gestión del corto plazo, no tienen el estímulo socioeconómico para promover políticas de soporte, no ya de la I+D, sino tampoco de la innovación. Y lógicamente, la ausencia efectiva de tales políticas públicas no permite promover la innovación en la actividad productiva privada, que facilite la presencia de nuevas empresas intensivas en conocimiento que procuren  un alto valor añadido al PIB y saquen partido del talento, la creatividad y del esfuerzo público en la educación. Y no se trata sólo de empresas de alta tecnología. Se trata de la brecha en productividad derivada, por ejemplo, de una insuficiente penetración de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el conjunto de las PYMEs de Canarias, o de otras tecnologías innovadoras.

En mi opinión, la importancia de la experiencia #CanariasIDi no está tanto en las concretas aportaciones, indudablemente interesantes, que se hicieron, como en el hecho de que es una llamada de atención para dejar patente que la ciencia y la tecnología, con su hija la innovación, requieren del amparo social y la determinación política. No de la política partidista del corto plazo, sino de la política en la más noble y elevada de sus acepciones: la que configura participativamente el futuro de una sociedad madura y democrática. Con dificultades y con retos. Con compromiso y con la determinación de alcanzar el futuro que deseamos.

No debemos dejar que la pequeña llama encendida el viernes con #CanariasIDi se apague. Entre tod@s, hagamos realidad el sueño de la I+D+i en Canarias, como pilar de una sociedad próspera, inclusiva y solidaria, capaz de dejar su huella en el devenir de la Humanidad.

Somos polvo de estrellas

Pues sí, los avances de la astrofísica durante el S. XX llevaron a tan evocadora conclusión: somos polvo de estrellas. En varias ocasiones tuve la fortuna de oírselo explicar, con cautivadora pasión, al Director Fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias, el profesor Francisco Sánchez Martínez. Sin duda habrá quien piense ¿y esto de qué sirve? ¿cuál es el plan de negocio de las costosas infraestructuras científicas que proporcionan un conocimiento tan poético como aparentemente poco práctico? Intentaré hoy dar mi visión sobre el asunto. No voy a esconder mi propósito: confío en contribuir a aminorar el escepticismo sobre el valor humanamente práctico que tiene, para nuestra sociedad, apostar por la ciencia y las infraestructuras que la hacen posible.

Cuando pienso en estas cuestiones, lo primero que me viene a la cabeza no es un razonamiento socioeconómico que, sí, también esbozaré después. La razón de fondo, la que entiendo más importante y la que, personalmente, más me motiva es muy simple: tenemos que prestarle atención a muchas cosas por ellas mismas, porque tienen una belleza intrínseca, porque nos afirma en nuestra condición de seres humanos, curiosos por el mundo que nos rodea y por la posición que ocupamos en el cosmos. ¿Qué sería de un mundo sin curiosidad, sin creatividad, sin cultura? Tal vez sería un lugar funcional, probablemente con óptimos pero, lo siento, sumamente aburridos planes de negocio. Dudo que fuera un mundo con ilusión y con progreso, y, mucho me temo, quedaría estancado en sus propias limitaciones y contradicciones: un mundo mecánico atrapado en sí mismo.

Pienso que la metáfora del polvo de estrellas es una buena explicación del arjé, el elemento esencial del que todas las cosas estaban compuestas y que insaciablemente buscaban los filósofos griegos presocráticos. Sin medios técnicos, pero con perspicacia y curiosidad, nos precedieron hace dos mil quinientos años en la búsqueda de una cosmovisión Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Pitágoras, Leucipo y Demócrito: asociaron sucesivamente el arjé al agua, al aire, a lo indeterminado o ápeiron, a los números, y a lo indivisible o átomo. Y ahora sabemos que, efectivamente, todo está hecho de átomos, aunque no son indivisibles y hay muchos distintos, uno por cada uno de los noventa y dos elementos que podemos encontrar en la naturaleza. También sabemos que, al principio del tiempo, el primer elemento en crearse fue el más ligero, el hidrógeno. Según el universo se fue expandiendo, en ciertas zonas se produjeron acumulaciones de hidrógeno, debidas a la gravedad, que se fueron haciendo más y más grandes dando lugar estrellas. La enorme presión en el interior de las mismas producen reacciones de fusión nuclear, por las cuales los átomos de hidrógeno dan lugar a otros nuevos, de helio, desprendiendo gran cantidad de energía. Al final de su vida algunas grandes estrellas, las supernovas, producen gigantescas explosiones ocasionando procesos denominados de nucleosíntesis estelar. En ellos se crean otros elementos, más pesados que el helio, que son regados, por tales explosiones finales, a través del universo. Hidrógeno, helio y los otros elementos más pesados vuelven a acumularse en una segunda generación estelar, a la que pertenece nuestro Sol. Esos elementos, creados en los procesos de nucleosíntesis estelar, son los que conforman todo lo que hay en el planeta Tierra, también a nosotros mismos. Efectivamente, cada uno de los átomos de los que estamos compuestos estuvo en un una supernova, antecesora de nuestro Sol, que tuvo que morir violentamente y fertilizar el firmamento con sus restos para que nosotros podamos vivir. ¡Qué no hubieran dado los filósofos de la Antigua Grecia por saber que somos polvo de estrellas!

Sin la filosofía griega la evolución de lo que ahora llamamos Occidente hubiera sido otra. Los valores sobre los que nuestro progreso se ha sustentado, tal vez, no se hubieran hechos presentes. Fueron principalmente Bizanzio y el Islam los herederos de la cultura griega, a través de los cuales fue posible la introducción de sus enseñanzas, primero en la escolástica medieval y, después, en el Renacimiento humanista. Y fueron la curiosidad y el trabajo, promotoras del desarrollo científico, técnico y económico, las que progresivamente asentaron el dominio de una nueva clase social en Europa, la burguesía. Galileo, hijo de un afamado músico, tuvo que utilizar el ingenio y el trabajo para subsistir. La sociedad basada en el comercio que el Mercantilismo afianzó no hubiera sido posible sin avances en las técnicas de navegación, facilitadas además por un conocimiento astronómico cada vez más amplio. La Revolución Industrial supuso un profundo cambio tecnológico en las formas de producir y de comunicación que, difícilmente,  puede concebirse sin curiosidad científica y medios para satisfacerla. Y así hasta nuestros días.

Francamente, me parece que hay buenas razones en cuanto antecede para que cualquier sociedad apueste por la ciencia y por la tecnología. Pero voy a intentar acercar estas ideas algo más al día a día de todo el mundo, tomando como caso de ejemplo la astronomía.

¿Cuándo fue la última vez que miraron a un cielo despejado y oscuro y se sintieron maravillados por el espectáculo? Tal vez hace tiempo que no han podido hacerlo o que, simplemente, no han reparado en ello. Incluso, es posible, que los jóvenes urbanitas no lo hayan experimentado nunca. Desde hace algún tiempo procuro mirar el cielo estrellado, intento localizar constelaciones, estrellas concretas e, incluso, algunos objetos del espacio profundo. No es necesario gran equipamiento. Kepler sólo tenía su vista y, eso sí, curiosidad, talento y cielos estrellados. Unos prismáticos son más que suficientes para adentrarse en confines que desconocemos. Localizar la galaxia Andrómeda, con aspecto de una mancha elongada y borrosa, a dos millones y medio de años luz de nosotros y con un gigantesco número de estrellas en su interior (parece que en torno al billón), ayuda a relativizar muchas de nuestras preocupaciones. Con buena vista y desde el lugar adecuado no necesitará ni siquiera prismáticos para verla.

Resulta que esta afición por mirar al cielo nocturno sin otro propósito que disfrutar y relajarse con el espectáculo  es compartida por millones de personas en todo el mundo. Ello incluye a unos miles de astrónomos profesionales y a varias cientos de miles de astrónomos amateur pero, sobre todo, a todos aquéllos que, como yo, simplemente le dedican, cuando pueden, ratos libres con distintos niveles de intensidad. Seguro que muchos estarían encantados de poder disfrutar de un cielo realmente estrellado, sin duda compartiéndolo con otras actividades de ocio en sus vacaciones. Para quienes tienen tal sensibilidad y viven en un área metropolitana, con frecuencia, no es sencillo. La polución lumínica lo invade todo, privándonos de un espectáculo del que nuestra especie participó hasta la extensión masiva de la luz eléctrica. A veces me pregunto si la plaga de stress y ansiedad que sufre nuestra generación no tendrá algo que ver con esta privación. Dicen que vale más una imagen que mil palabras y creo, por ello, que lo pertinente es visitar el portal web El Cielo de Canarias, del astrofotógrafo Daniel López, que actualmente expone su obra en el Museo Elder de Las Palmas de Gran Canaria, y que en muchas de las fotografías ha contado con la colaboración del Instituto de Astrofísica de Canarias.

No me cabe duda que habrá muchas personas que, a la hora de planear sus vacaciones, puedan considerar como elemento diferencial en relación a otros destinos el cielo. Si un cielo es adecuado para dos de los principales observatorios astronómicos del planeta, sin duda, será un aliciente para quien, además de ir a la playa, al monte o a las actividades de ocio que le apetezcan, valore ese cielo maravilloso. En una isla como La Palma, con una actividad turística reducida, estoy convencido que puede suponer un revulsivo económico contar con unos miles de astrónomos aficionados que la visiten cada año  con el reclamo de que es el lugar elegido para, entre otros, el más potente telescopio óptico del mundo, el Gran Telescopio Canarias, que vio su primera luz en 2007. En la misma isla nos encontramos uno de los telescopios de mayor productividad en la historia de la astronomía moderna, el telescopio británico William Hershel, que vio su primera luz en 1987, y pertenece al grupo de telescopios Isaac Newton de los que, por cierto, uno, el que justamente lleva el nombre del inmortal físico inglés, había sido previamente instalado en 1967 en el Observatorio de Grenwich y fue trasladado a la isla de La Palma, al conocer la calidad de su cielo, reiniciando la operación en 1987. En definitivas cuentas, estoy convencido que es posible crear un producto turístico de calidad en que uno de sus elementos genuinamente diferenciales sea, precisamente, la calidad del cielo de Canarias.

Sigamos hablando de cuestiones prácticas. El Gran Telescopio Canarias es un proyecto español, que ha puesto a la industria tecnológica de nuestro país a la vanguardia internacional en su campo. Las empresas que construyeron el telescopio, mayormente españolas, pudieron demostrar su buen hacer en un proyecto de alto impacto y visibilidad internacional que, con toda seguridad, les hace acreedoras de una experiencia que ya están haciendo valer en otras licitaciones internacionales. Por otro lado, los telescopios internacionales instalados tanto en el Observatorio del Teide, en la isla de Tenerife, como en el del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, y que conjuntamente constituyen el Observatorio Norte Europeo (hay otro en el sur, en Chile, pues lógicamente el cielo que se observa desde cada hemisferio es distinto), han supuesto una importante inversión directa internacional en su fase constructiva, así como una demanda de servicios tanto comunes como altamente especializados para atender sus necesidades. Además, ofertan oportunidades de empleo enormemente cualificado a científicos e ingenieros canarios y españoles. De hecho, todos los años, al gasto directo financiado por el Estado y la Comunidad Autónoma en el Instituto de Astrofísica de Canarias y el Gran Telescopio Canarias, hay que añadirle una cuantía semejante aportada por los distintos socios internacionales para el mantenimiento y operación de sus telescopios.

¿Y cuáles son los nuevos retos en el ámbito científico y tecnológico del que estamos hablando? Pues ni más ni menos que se instalen en Canarias dos nuevos grandes proyectos internacionales, con una inversión directa total de unos trescientos millones de euros y, aproximadamente, un diez por ciento de tal cantidad de coste anual de operación y mantenimiento.  Serán los consorcios internacionales promotores de ambas infraestructuras los que las costeen, si bien esperan de los distintos países candidatos algún tipo de contribución que será valorada en la selección final del emplazamiento. Se trata, por un lado, del Array de Telescopios Cherenkov, que requiere emplazamientos simultáneos en ambos hemisferios y estará dedicado a la detección y estudio de radiación gamma proveniente de los confines del universo. Y, por otro lado, tenemos al Telescopio Solar Europeo que, con cuatro metros de diámetro, será el más potente instrumento de la física solar mundial.

Que estos dos proyectos vengan a Canarias y, por tanto, a España supondría una importante inversión internacional directa, oportunidades de contratos para nuestras empresas de alta tecnología, empleo cualificado para algunos de nuestros mejores físicos e ingenieros, y nuevas posibilidades de creación de empresas especializadas que adapten la tecnología a otras finalidades en campos tan diversos como la óptica, la medicina o el sector aeroespacial. Pero no sólo eso, nos dará un buen motivo para recuperar la confianza en nuestras propias posibilidades y proyectaremos una imagen, interior y exterior, de la que todos nos sentiremos orgullosos. Por ello la nueva Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3), aprobada por el Gobierno de Canarias a final de 2013, incluye la previsión de aportar, mediante fondos estructurales, un diez por ciento de la inversión directa internacional que venga a Canarias para tales proyectos de infraestructuras científicas, y de otros que pudieran surgir, en este u otros campos, en el periodo 2014-2020.

Ciertamente los científicos deben estar comprometidos con el desarrollo social y económico de su entorno, tanto autonómico como estatal, además de con sus intereses de investigación. No me cabe duda que, en general, lo están. Pero no podemos pretender descargar sobre ellos una responsabilidad que compete, principalmente, a quienes tienen que facilitar las condiciones para el aprovechamiento socioeconómico efectivo de las oportunidades que proporciona la I+D de excelencia. Por supuesto, todas las instituciones e infraestructuras científicas tienen que asegurar su sostenibilidad económica, no originando costes que no podamos pagar. Pero cuando se les plantea a los científicos que realicen planes de negocio de orientación empresarial, para evaluar el esfuerzo público que merecen recibir, no podemos olvidar que tal negocio es de la sociedad en su conjunto. Hay que considerar, por tanto, las externalidades positivas que se generan y cuyo payback es indirecto y diferido. Y la valoración de tales externalidades es una tarea política, consistente en la mejor asignación de los recursos públicos, conforme al interés de la sociedad en su conjunto.

Por tanto, ¿planes de negocio en la ciencia? de acuerdo, aunque no me satisfaga este término para la que es de titularidad pública. ¿Criterios de eficiencia y sostenibilidad económica de las entidades e infraestructuras científicas? por supuesto, de todas.

Pero, tengamos claro qué apuestas nuestra sociedad no puede perder: la ciencia y las grandes infraestructuras que la hacen posible están entre ellas.