¿Construyendo la sociedad del conocimiento?

Durante los últimos ocho años he tenido el gran honor de coordinar un área, a mi entender muy relevante, de las políticas públicas canarias: el fomento de la investigación científica, de la innovación empresarial y de la sociedad de la información. Ello estuvo antecedido por el desempeño durante tres años de la dirección de investigación y tecnología del Instituto Tecnológico de Canarias (ITC), y, desde 1992, como profesor e investigador de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC). Antes de ello, mientras aún estudiaba mi carrera de ingeniero de telecomunicación, fui becario del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) y disfruté los dos años últimos de carrera de un contrato en prácticas en Telefónica. Siendo un joven profesor en una joven universidad hube de complementar mi formación compatibilizándola con la docencia, primero realizando mi tesis doctoral en la Universidad Politécnica de Madrid, después realizando una estancia post-doctoral, becado por el entonces Ministerio de Educación y Cultura, en la Universidad de Harvard. Ello posibilitó que dirigiera un grupo de investigación en la ULPGC, y que se me otorgara la condición de profesor visitante en la Universidad de Harvard. La continua colaboración de nuestro grupo de investigación en la ULPGC con otros muy potentes de dicha Universidad americana dieron sus frutos. Aprendimos, publicamos, realizamos proyectos, varios de nuestros estudiantes fueron invitados a Harvard y otras universidades americanas y europeas, en las que perfeccionaron sus trabajos de tesis doctoral. Algunos de mis colaboradores en otras universidades españolas se incorporaron a esta fructífera relación, y entre todos contribuimos a desarrollar en España la investigación en el ámbito de la ingeniería aplicada a técnicas diagnósticas y terapéuticas basadas en imágenes médicas.

Creo poder afirmar con toda tranquilidad que soy un profesional. He dedicado mi vida laboral a la investigación y a la innovación. Y he tenido la oportunidad de hacerlo desde responsabilidades y ámbitos muy variados. Como todos los profesionales, como todas las personas, con aciertos y con errores. Pero en todo caso con absoluta dedicación a mi trabajo. Además, con orgullo, debo decir que soy un trabajador público. Mi desarrollo humano y profesional se lo debo, antes que nada, al apoyo de mi familia, a mi propio esfuerzo y a la universidad pública, primero como estudiante y después como profesor e investigador. Cuanto antecede fue la razón del inesperado ofrecimiento que se me hizo para llevar a cabo la dirección científica y técnica del ITC en 2004. Nada había tenido que ver con la política. Con dudas, pues mi vida no la podía entender sin la investigación y docencia realizadas en primera persona,  asumí un nuevo reto. Esperaba aprender y contribuir en la medida de mis posibilidades, para volver en cuanto terminara la Legislatura a mi desempeño anterior. Era plenamente consciente que lo habitual en las entidades públicas era ser sustituido cuando lo fuera el equipo que me había propuesto. Sin embargo, dicho equipo cesó en una crisis de gobierno a mitad de Legislatura, y el entrante me confirmó después de consultar mi currículum profesional (un resumen del cual está accesible en https://juanruizalzola.com/about/). Ello fue igualmente la razón por la que el presidente Paulino Rivero me propusiera hacerme cargo en julio de 2007 de la dirección de la nueva Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información (ACIISI).

La experiencia directiva tanto en ITC como en ACIISI puedo decir que ha sido intensa. Algo inesperado por completo, que hizo que cambiara mi trayectoria profesional. Parece lógico que los profesionales, en cuanto tenemos una experiencia, estemos disponibles para contribuirla en ámbitos muy especializados del sector público. Tanto más si es ese sector público el que ha hecho posible nuestro desarrollo profesional. Fue esa y no otra la motivación que me condujo, por dos veces, a aceptar el encargo del Presidente de ser director de la ACIISI. Es cierto que no pude impulsar la I+D+i en Canarias como a mí me hubiera gustado, procurándole el reconocimiento que debe tener para alcanzar un desarrollo social y económico sostenible y saludable. También lo es que las cosas son mucho más complicadas de lo que parecen. Y que ese reto va más allá de la labor política que puede hacer una persona. A fin de cuentas, la importancia real que se le da en Canarias a la I+D+i quedó puesta de manifiesto en la reciente campaña electoral y posterior negociación de conformación del gobierno. Las menciones a la misma brillaron por su ausencia, y algo tuve que ver en la elaboración de los contenidos de lo poco que se ha dicho o escrito. La crisis financiera y una estructura administrativa que, desafortunadamente y por motivos que no vienen al caso, no pudimos desarrollar limitaron enormemente la realidad de las políticas públicas en I+D+i en Canarias. Creo no obstante que se pusieron ciertos cimientos. El principal, la Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3) para Canarias 2020, que tuve el honor de impulsar y coordinar, junto con un excelente equipo de profesionales de la ACIISI y del ITC. De hecho, la RIS3 es una referencia bastante habitual en la actualidad. Sólo falta intentar cumplirla de verdad. El marco de colaboración con la Secretaría de Estado de I+D+i, por ejemplo en PLOCAN, en el IAC o en GRANTECAN ha permitido, después de muy serias dificultades, consolidar PLOCAN, dotar de instrumentación a GRANTECAN hasta 2020 y consensuar con el Estado una estrategia de atracción de grandes inversiones en infraestructuras científicas que, con el excelente trabajo del IAC, se ha mostrado ganadora en la reciente selección del Observatorio del Roque de los Muchachos, en La Palma, del Array de Telescopios Cherenkov (CTA). Igualmente importante es el Telescopio Solar Europeo (EST), consensuada también la estrategia con el Estado. CTA supone una inversión total de unos 90M€, y el EST de unos 150M€. El 90% vendrá de fuera de Canarias, y el 10% que pondrá Canarias será financiado por el FEDER. La política de parques tecnológicos en Canarias, y de instrumentos financieros de apoyo a las empresas y emprendedores, se financia con un convenio negociado entre la Agencia y la Secretaría de Estado de I+D+i dotado con 150M€. El diálogo, ni mucho menos, acaba de empezar ahora. Y será necesario mucho diálogo y convicción para prorrogar por segunda vez la ejecución del convenio de parques tecnológicos por los retrasos en muchas de las actuaciones insulares. La identificación de las causas y vías de resolución de los serios problemas que sufre el comercio electrónico desde y hacia Canarias, o el establecimiento en la legislación española de un marco específico para las telecomunicaciones en Canarias, creo que son hitos también reseñables.

Este espacio de confluencia del mundo profesional con el político es enormemente contradictorio y complejo. Construir en el mismo está sujeto a a múltiples vicisitudes, algunas racionales, otras menos. Sin embargo, es un espacio que temporalmente deben ocupar buenos profesionales. Y digo temporalmente, porque los profesionales, por mucho conocimiento y experiencia que alcancemos, nos agotamos en nuestras ideas, en nuestra ilusión y, en definitivas cuentas, en nuestra motivación.

Por tanto, los cambios deben ser bienvenidos y adecuadamente planificados. Los profesionales otorgamos lealtad profesional a nuestro desempeño, la más firme de todas las lealtades, y vamos a colaborar para que los pasos de testigo sean ordenados y seguros, para ayudar a quien continúe la tarea a que supere cuanto antes su curva de aprendizaje, a que pueda coger el control del vehículo sin necesidad de pararlo. Además, estoy firmemente convencido que la totalidad de los buenos profesionales del sector público, sin duda la gran mayoría, se sienten partes de algo que va más allá de ellos mismos. Como servidores de la colectividad y del interés público su vinculación con su trabajo trasciende el puro interés, también legítimo, del trabajo retribuido. Saben que con su buen hacer contribuyen a mejorar nuestra sociedad, cada cual desde su ámbito de responsabilidad. Me he esforzado durante años por formar parte de ese amplio colectivo de buenos trabajadores públicos, independientemente de la posición que en cada momento haya ocupado. Seguro que me entienden cuando digo que la lealtad profesional se ve reforzada por una vocación de contribuir por encima del interés personal. Y ello lleva implícitamente asociado un perfecto entendimiento de que las personas tenemos que cambiar para que nuevas ideas y energías fluyan al servicio del interés general. No sólo nadie es insustituible, sino que es bueno que todos seamos sustituidos. Eso sí, nadie es tan sumamente polifacético como para poder ocupar cualquier posición. Ni el mejor de los profesionales puede ocupar de un día para otro un cargo de responsabilidad ejecutiva si no tiene un razonable conocimiento y experiencia en la materia. Los perfiles deben ser los adecuados para cada desempeño.

He insistido antes en mi condición profesional. Ello no quiere decir que no tenga una ideología política, o que no me preocupe la política. Me interesa. Y mucho. Los anglosajones distinguen tres términos que, tristemente, aquí se subsumen en el único de política:

  • Polity: es la politeia de los clásicos. Se refiere al sistema político en su conjunto. A cómo se distribuye el poder horizontal y verticalmente. En nuestro ámbito más cercano, se refiere a cómo se integra Canarias, como Comunidad Autónoma, en el conjunto del Estado. Cómo se delimitan las competencias, tanto legislativas como ejecutivas. Cómo están representados los territorios. Cómo se distinguen las especificidades. Y muy importante, cómo es el reparto territorial del poder entre las distintas islas. De nuevo, qué competencias ejecutivas y, en su caso, legislativas corresponden a las islas. Cómo se eligen los representantes parlamentarios. En qué condiciones se configuran los gobiernos… Es en este ámbito en el que hay que determinar, por ejemplo, si la composición de los órganos ejecutivos de los gobiernos y las administraciones debe responder a cuotas territoriales. Cuestión ésta, por cierto, demasiado presente en nuestra tierra como para pretender ignorarla.
  • Policy: son las políticas públicas. Es, en mi opinión, la verdadera política. Por ejemplo, una agenda de transformación económica como es la Estrategia de Especialización Inteligente de Canarias (RIS3), 2014-2020, cuya elaboración, como ya dije, tuve el honor de impulsar y coordinar, asistido por un magnífico equipo profesional de la ACIISI e ITC, es “policy“. También lo es el diseño de los programas para impulsarla y hacerla efectiva. Es la “policy” la política real y honorable. La que contrasta ideas y visiones estratégicas para una sociedad. La que contrapone ideologías, en suma, en el gran reto colectivo de ejercer la Democracia.
  • Politics: trata del ejercicio del poder a través de los partidos políticos. En teoría debiera ser la promoción y ejercicio consciente de las “Polities” y “Policies” anteriores por parte de los mismos, gestionando el corto plazo. En la práctica, un ejercicio inconsciente de la misma, puede llevar a confundirlo todo, dando lugar a la cutre imagen que, demasiadas veces, se proyecta a la sociedad de lo que debiera ser un noble y desinteresado afán. Las cuotas territoriales e intereses personales, impuestos a veces por algunas organizaciones políticas en los órganos ejecutivos de las administraciones públicas, forman parte de este ejercicio, inconscientemente letal para la Democracia y para el debido ejercicio de la función pública, que a todos los ciudadanos nos afecta e incumbe. Nada tiene que ver con las ideologías, ni con la preocupación por renovar a las personas para mejorar la gestión. Tristemente, cuanto menos desarrollada social y económicamente está una sociedad mayor es el abuso del incorrecto ejercicio de la “politics“, en perjuicio de la “polity” y de la “policy“, comprometiendo con ello las expectativas de desarrollo de una sociedad y la confianza del Pueblo en la Democracia. Pienso, por ello, que sería muy deseable contar, cuando menos, con unos protocolos de idoneidad para seleccionar los candidatos que van a ocupar, por nombramiento de los Gobiernos, los altos cargos ejecutivos de las Administraciones Públicas, siendo supervisado su ejercicio por el Comisionado de Transparencia.

Después de ocho años como director de la ACIISI, hoy he cesado en tal responsabilidad (decreto de cese). El gran honor que significa haber tenido la oportunidad de aportar mi visión durante años, el aprendizaje y experiencia recibidos y, sobre todo, la calidad humana de las personas a las que he tenido la fortuna de conocer y con las que he trabajado, dando lo mejor de nosotros mismos durante todos estos años, suponen el mejor premio que se puede recibir y compensan cualquier sinsabor.

Impulsar la sociedad del conocimiento y el progreso en Canarias corresponde, en gran medida, a nuestro Gobierno Autónomo. Para ello debe tener el apoyo de todas las instituciones y profesionales que estén en disposición de contribuir, desde sus distintos ámbitos sectoriales, a ello. La contribución también consiste en el debate público, en la contraposición de ideas, en la asunción colectiva de estrategias y, por supuesto, en la discusión política, entendiendo como tal la crítica constructiva a las “policies” y “polities“, hecha y promovida tanto por las personas como por las diversas organizaciones políticas y sociales. Modestamente, este blog es mi contribución personal a ello (pulsando el enlace puede verse el índice de posts publicados). El Gobierno debe ser consciente que es su responsabilidad impulsar el cambio y la prosperidad en Canarias y que, para ello, tiene que intentar contar con los mejores en cada momento en los distintos altos cargos ejecutivos de la Administración autonómica. Espero que así sea y que las decisiones de estos días hayan estado debidamente reflexionadas, sabiendo dónde estamos y dónde se quiere ir. Aunque, tal vez porque intuyo cómo y por qué se han tomado algunas de estas decisiones, no puedo evitar estar preocupado.

En particular, Canarias no puede permitirse pasos atrás en la construcción de la sociedad del conocimiento, en cuyo impulso parece lógico que estén implicadas personas que objetivamente dispongan de él. De ahí el interrogante que da título a este post: ¿Construyendo la sociedad del conocimiento? Ojalá que la respuesta sea enérgicamente afirmativa y que los hechos y no sólo las palabras así lo demuestren. En ello le deseo toda la suerte y éxitos a los nuevos responsables, pues lo serán de la sociedad canaria. Por mi parte, en la medida de mis posibilidades y capacidad, seguiré contribuyendo a este enorme esfuerzo colectivo en mi desempeño profesional cotidiano.

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La democratización de la ciencia (y la tecnología)

Posiblemente sea tópica la reflexión que, sin duda, muchas personas se hacen al manejar la tecnología de nuestros días: ¡Parece mentira lo que han cambiado las cosas! Pero,  ¿cómo podíamos vivir no hace mucho sin teléfonos y tabletas móviles? Sólo los más jóvenes no participarán de la reflexión. Cuando les digo a mis hijos, ambos entrando en la adolescencia, que cuando era como ellos sólo había un canal de televisión, una sola televisión por hogar, que no había redes sociales y que, con los amigos, hablaba por teléfono (para desesperación de mis padres, pues aún no existía la tarifa plana), me miran como si fuera marciano…

Pues sí, mucho han cambiado las cosas en solo una generación. He de admitir que tampoco fue pequeño el salto entre la generación de mis abuelos y de mis padres. O entre la de ellos y la mía. De hecho, en poco más de tres generaciones, esto es, en los últimos cien años, ha habido un cambio tan profundo en la forma de vivir, equiparable al habido a lo largo de muchos siglos. Si uno considera al común de los mortales de principios del S. XX, por ejemplo un agricultor en una sociedad rural, o un obrero industrial en un cinturón urbano, probablemente contaba con unas condiciones de vida más semejantes a las de un agricultor o artesano medieval, que a las que disfruta la mayor parte de la población moderna.

La tecnología, impulsada por el desarrollo científico, es quien lo ha hecho posible. La continuidad y seguridad en el suministro de alimentos, el acceso a una medicina tanto preventiva como terapéutica, la posibilidad de desplazarse con vehículos a motor, de viajar en avión, la electricidad y los electrodomésticos, la masiva disponibilidad de medios de telecomunicación e interacción social, simplemente no existían en el mundo de nuestros bisabuelos.

De hecho pienso que, a pesar de sus innegables injusticias sociales, el sistema capitalista cuenta en su haber con la democratización del uso y disfrute de la tecnología. Cierto que, con frecuencia, llevando aparejados el consumismo, el despilfarro de los recursos naturales, la laceración del medioambiente y cotas de desigualdad inaceptables. Pero cierto también que la tecnología está ahí, disponible para su uso y disfrute masivo. Cuestión diferente es que debamos hacer un mejor uso de su potencial, aunque no es de eso de lo que voy a hablar hoy.

 

Realmente, mi intención en este post es hablar de la democratización, no en el consumo de tecnología, sino en la creación de la misma. Y, dado que no hay tecnología sin ciencia, también de la democratización de la producción científica. Pienso que se trata de un nuevo cambio revolucionario, que abre las puertas de crecimiento económico a largo plazo, ése debido la innovación y el conocimiento, a todas las sociedades que sean capaces de reconocer y aprovechar esta nueva situación.

El reto es bien sabido: ser capaces de introducir el nuevo conocimiento en nuevos bienes y servicios atractivos para un público global. Quienes sean capaces de hacerlo, consolidarán un crecimiento económico a largo plazo. Quien no lo haga, quedará inexorablemente atrapado en la ventaja comparativa de actividades de bajo valor añadido y peores salarios, que las sociedades más desarrolladas descartan. En fin, esto no parece nada nuevo. Es la historia económica de los últimos ciento cincuenta años…

Sugiero un ejercicio mental: ¿podrían haberse realizado descubrimientos, invenciones y nuevos productos y servicios radicalmente innovadores en cualquier sociedad? Por ejemplo, ¿la mecanización de los telares, que dio lugar a la industria textil habría sido posible en cualquier sitio? ,¿y la invención de la iluminación eléctrica?, ¿el telégrafo?, ¿el teléfono?, ¿la fotografía?, ¿el cinematógrafo?, ¿la vacunación? , ¿el automóvil?, ¿el ordenador personal?…

Me temo que la respuesta es no. Y a los hechos me remito. La concentración regional de todas esos enormes avances científicos, tecnológicos y empresariales ha sido tremenda. La mayor parte de los territorios de nuestro planeta han estado al margen en la producción de los mismos, aunque hayan jugado un papel muy importante en su consumo. Difícilmente quien consume puede aspirar a tener la renta de quien produce, y ese diferencial consolida las diferencias entre regiones, al crear mejores condiciones para la producción a través de un mayor crecimiento económico de las regiones que producen (y venden) las innovaciones.

¿Qué es necesario para que se produzcan tales innovaciones en unas sociedades? ¿Qué les falta a las sociedades que no suelen llevarlas a cabo? No hay contestación simple a estas preguntas, aunque intentaré esbozar las cuestiones que entiendo son clave:

1. En primer lugar es necesario tener razonablemente satisfechas las necesidades básicas: alimentación, salud y seguridad física y jurídica. Si son muy frágiles en una sociedad, las innovaciones que surjan serán las que permitan superar el día a día, con mayor o menor picaresca según los casos, pero difícilmente se producirán con frecuencia procesos innovadores con relevancia económica que no sea estrictamente local.

2. Personas con talento y voluntad de superación: las hay en todas las sociedades, sin duda. No hay más que ver cuántos oriundos de sitios muy distintos realizan grandes contribuciones cuando son acogidos en los territorios más desarrollados. Muchas sociedades, probablemente la gran mayoría, desaprovechan el talento de sus miembros mientras que otras, las menos, no sólo aprovechan el que tienen, sino que captan el de las demás. Estos flujos netos de talento tienen mucho que ver con la consolidación de diferencias económicas interregionales.

3. Acceso a la formación: es claro, pues nadie nace “leído y sabido”. Indudablemente, es muy importante que se ofrezca un sistema educativo formal a la totalidad de la población, pues permitirá que se aprovechen las capacidades de la mayor parte de los miembros de la sociedad. Sin embargo, siendo lo anterior muy importante, no pueden olvidarse las capacidades autodidactas de las personas con talento y voluntad, al margen de los sistemas formales educativos. Así ha pasado en innumerables ocasiones a lo largo de la Historia aunque, qué duda cabe, mejor es, mucho mejor, tener acceso a tales sistemas de educación formal.

4. Es necesario un entorno social que estimule la curiosidad y la investigación, esencial para el desarrollo científico y tecnológico, valorando adecuadamente la investigación científica. Y  es imprescindible un entorno que promueva la emprendeduría y el afán de superación, que  premie de forma razonable el esfuerzo y la asunción de riesgos, al tiempo que sea inflexible con el fraude, la picaresca y la corrupción.

5. Por último, es necesario el acceso a mecanismos financieros que permitan convertir las ideas en realidades económicas.

Pongamos un ejemplo ilustrativo, Edison, aunque pueden darse muchos otros: Werner von Siemens, Alexander Graham Bell, Henry Ford, Steve Jobs, Bill Gates, Larry Page & Sergey Brin,…

Thoma Alva Edison nació en Milan, un pequeño pueblo del estado de Ohio, en EEUU, en 1847, que estaba experimentando un importante crecimiento comercial en ese tiempo, gracias a un nuevo canal que lo conectaba al lago Erie, motivo por el que sus padres se radicaron allí. Edison tan sólo fue a la escuela tres meses, siendo su madre quien se encargó de su educación. En esta época, el desarrollo del ferrocarril desplazó al transporte fluvial, de modo que cuando Milan se quedó al margen de la nueva línea férrea, su actividad económica decayó. Ello motivó que la familia Edison se fuera a Port Huron, en Michigan, por donde pasaba el ferrocarril dando lugar a nuevas oportunidades.  Edison tenía 12 años, y trabajó vendiendo periódicos en la estación. Al tiempo, estudiaba por su cuenta. Consiguió un puesto de telegrafista, eligiendo el turno nocturno para poder estudiar y hacer experimentos. El telégrafo dio lugar a las primeras invenciones, una de ellas, el telégrafo cuádruple, fue adquirida por Western Union, permitiendo a Edison fundar el primer laboratorio de investigación industrial de todos los tiempos, en Menlo Park, Nueva Jersey. Las invenciones se sucedieron: el fonógrafo, el micrófono de carbón, contribuciones fundamentales a la bombilla de luz incandescente y a la telefonía,… Durante su vida registró 2.332 patentes, de ellas 1.092 en los EEUU. Edison no fue sólo un inventor: supo buscar recursos financieros en una sociedad capitalista en rápido crecimiento, entre ellos los de J.P Morgan y la familia Vanderbilt,  y no sólo eso, también fundó 14 compañías, entre ellas la Edison General Electric Company, que daría lugar en 1893 a General Electric, que se mantiene a día de hoy como una de las principales multinacionales. Edison no recibió educación formal: fue autodidacta en el interior norteamericano de mitad del S. XIX, buscó la formación donde pudo encontrarla, sacrificándose para adquirirla. Indudablemente, Edison se crió en un entorno que premiaba la asunción de riesgos y el emprendimiento: siendo adolescente ya montó su propio negocio de venta de periódicos en el tren. Y fue capaz de concitar la voluntad de importantes financieros que, no sólo, confiaban en su genialidad, sino en su intuición como empresario, que le hacía orientar su enorme capacidad a desarrollar nuevas invenciones con un enorme alcance práctico, algo esencial en el desarrollo del capitalismo industrial.

La biografía de Edison es apasionante, pero tampoco es el objeto de este post. Simplemente creo que ilustra muy bien los cinco puntos anteriores, determinantes para que la innovación sea posible y aprovechable. Edison no fue un niño rico, pero sus necesidades primarias las podía afrontar. Indudablemente fue un genio, pero ello no le quita valor al ejemplo: cierto es que genios hay pocos, pero personas con talento hay muchas. Un entorno que aproveche a las personas con talento y voluntd de superación es lo que es clave. Si, además, de vez en cuando surge un genio, mejor todavía. Pero, insisto, la clave es que el entorno aproveche el talento de las personas, que  les dé las oportunidades que necesitan para desarrollar su potencial y, con ello, se beneficie el conjunto de la sociedad. Un bonito documental biográfico de Edison, en inglés, está disponible en https://archive.org/details/gov.archives.arc.49442 

Pues bien, pienso que vivimos una época que facilita enormemente que las personas con talento desarrollen una actividad investigadora o inventora, estén donde estén. Es, en cierta medida, una vuelta conceptual a los comienzos de la segunda revolución industrial de la segunda mitad del S. XIX. El desarrollo industrial del S. XX concentró la actividad creadora en grandes entidades, de modo que pensar en que inventores individuales pudieran realizar nuevas creaciones, impulsar nuevas empresas, resultaba una quimera. Pero desde los años setenta del siglo pasado las cosas han ido cambiando. Las empresas de computación como Apple y Microsoft, fundadas en garajes por jóvenes inventores que ni siquiera habían terminado sus estudios universitarios son una clara muestra del cambio de tendencia. Estas empresas crecieron hasta superar a las grandes multinacionales de la época. Y el proceso ha continuado: Google, Facebook,…

En nuestro tiempo, al menos en los países más desarrollados, las necesidades básicas están razonablemente cubiertas. Por supuesto que hay muchos problemas e injusticias sociales, pero no son comparables a los propios de una sociedad de subsistencia. Personas con talento y voluntad de superación hay muchas, frecuente jóvenes que no encuentran en nuestra sociedad la manera de desarrollar su potencial. También hay un sistema de educación formal, y una posibilidad de formación al margen del mismo como jamás lo ha habido en la Historia. No sé cómo se documentaría Edison en Port Huron, cómo conseguiría los libros que necesitaba o, simplemente, cómo sabía que tales libros existían.Ahora, Internet es una fuente infinita de información. Buena y mala información, cierto. Como buenos y malos libros había antes. Pero con un poco de perspicacia, tenemos al alcance de la pantalla de la tableta una cantidad ingente de buenas fuentes de información. Mucha de ella proveniente de las mejores universidades y centros investigación del mundo, particularmente tras la puesta en marcha del proyecto OpenCourseWare  (OCW) por el Instituto Tecnológico de Massachussets (MIT), secundado por muchas entidades académicas, o los Massive Open Online Courses (MOOC). Ello sin olvidar la imprescindible Wikipedia, o la inmensa oferta de publicaciones digitales especializadas que es posible adquirir en la Red.

Este canal de acceso al conocimiento se ve complementado por nuevos paradigmas, como el software y el hardware abiertos, que promueven el desarrollo entre colaboradores anónimos en todo el planeta y novedosos modelos de gestión de la propiedad intelectual e industrial. Y funciona. El software abierto ya tiene una considerable historia de éxitos, iniciada con el impulso de Richard Stallman en los años ochenta, a la que se sumaron muchos otros. Ello llevó al desarrollo de software cada vez más complejo por desarrolladores distribuidos en todo el mundo, dando lugar a un software por el que no se paga, documentado, copiable, y adaptable para distintas aplicaciones, por supuesto, también empresariales. Más recientemente, ha surgido el fenómeno del hardware abierto que, al no ser automáticamente duplicable (al menos de momento, pues los sistemas autorreplicables están en camino), se basa principalmente en la liberación de las especificaciones. Hay muy señaladas realizaciones tanto de software como de hardware libre: Linux, Arduino, impresión 3D… De hecho, la reducción de costes del hardware y su adquisición mediante el comercio electrónico permita que tanto hardware como software, con las especificaciones y código fuente accesibles, estén disponibles muy rápidamente en cualquier lugar.

Y esto nos lleva de lleno al entorno: ya no es necesario estar en Silicon Valley, o en un puñado de otros sitios en todo el mundo, para poder desarrollar nuevos prototipos tecnológicos susceptibles de suponer importantes innovaciones empresariales. Para que ello sea posible, es necesario disponer de acceso a Internet de banda ancha, de acceso al comercio electrónico, talento y ganas y, por supuesto, un sistema educativo y un nivel de de desarrollo social que permita dedicar esfuerzos a proyectos ilusionantes  y novedosos. Pero ya  hemos visto que eso no es todo, el entorno social debe promover la curiosidad e investigación, el emprendimiento y tener disponible un sistema financiero que identifique y financie las buenas ideas.

Promover la curiosidad valorando la investigación, fomentar el emprendimiento y el esfuerzo, siendo inflexibles con la picaresca y la corrupción, y tener acceso a un sistema financiero que acompañe en su riesgo a los emprendedores. Si cualquiera de estos tres elementos falla, difícilmente va una sociedad a desarrollar una economía basada en el conocimiento que proporcione oportunidades al talento del que dispone.

Sí, las circunstancias han mejorado para que la innovación florezca en cualquier sitio. Pero lo ha hecho para todas las sociedades. En las que no se valore la curiosidad e investigación y no se fomente suficientemente el emprendimiento, simplemente, no surgirán proyectos suficientemente atractivos para que los financieros presten atención, y quedarán retrasadas en relación a las que sí lo hagan.

Terminaré refiriendo una viaje historia. A principios del S. XX surgió una agria polémica entre Unamuno y Ortega y Gasset, a cuenta de la importancia de promover el desarrollo científico e inventivo en una secularmente atrasada España, desestimada por el primero (¡Que inventen ellos!). El siguiente diálogo, extraído del Prótico del Templo de Unamuno, que lo escribió en julio de 1906,  mucho me temo que se mantiene demasiado actual en nuestros días. Y parece que los Romanes aventajan a los Sabinos en su capacidad de influir en la política española.

ROMÁN – ¿Que nada hemos inventado? Y eso, ¿qué le hace? Así nos hemos ahorrado el esfuerzo y ahínco de tener que
inventar, y nos queda más lozano y más fresco el espíritu…
SABINO – Al contrario. Es el constante esfuerzo lo que nos mantiene la lozanía y la frescura espirituales. Se ablanda,
languidece y desmirría el ingenio que no se emplea…
ROMAN – ¿Que no se emplea en inventar esas cosas?
SABINO – U otras cualesquiera…
ROMAN – ¡Ah! ¿Y quién te dice que no hemos inventado otras cosas?
SABINO – ¡Cosas inútiles!
ROMÁN – Y ¿quién es juez de su utilidad? Desengáñate: cuando no nos ponemos a inventar cosas de esas, es que no
sentimos la necesidad de ellas.
SABINO – Pero así que otros las inventan, las tomamos de ellos, nos las apropiamos y de ellas nos servimos; ¡eso sí!
ROMAN – Inventen, pues, ellos y nosotros nos aprovecharemos de sus invenciones. Pues confío y espero en que
estarás convencido, como yo lo estoy, de que la luz eléctrica alumbra aquí tan bien como allí donde se inventó.
SABINO – Acaso mejor.
ROMÁN – No me atrevía a decir yo tanto…
SABINO – Pero ellos, ejercitando su inventiva en inventar cosas tales, se ponen en disposición y facultad de seguir
inventando, mientras nosotros…
ROMAN – Mientras nosotros ahorramos nuestro esfuerzo.
SABINO – ¿Para qué?
ROMAN – Para ir viviendo, y no es poco.

 

Territorios inteligentes

El pasado jueves, 3 de abril, tuve oportunidad de asistir a la II Jornada de Territorios Insulares Inteligentes, celebrada en la isla de La Palma, y en la que me asignaron la tarea de moderar una de las mesas de debate. Participaron como ponentes expertos  en la nueva área de las, así denominadas, Smart cities, pertenecientes tanto a entidades públicas como privadas de distintos puntos de España.

La jornada no sólo fue interesante, que lo fue, sino que también me ayudó a completar algunas reflexiones que, someramente, quisiera compartir hoy con ustedes. Probablemente haya quien se pregunte, ¿smart cities?, ¿smart islands?, ¿territorios inteligentes?, y concluya: ya estamos de vuelta con una palabrería inaccesible para el común de los mortales…  Y no le faltará razón, aunque espero en estas líneas persuadir a los escépticos de que se trata de algo realmente interesante.

En los tiempos que corren creo que ya, todos, nos habremos acostumbrado, con más o menos ganas, a la proliferación de modos de comunicación de inspiración anglosajona. La potencia semántica del inglés, junto con la brevedad de sus vocablos, indudablemente se presta a ello. Smart, en inglés británico, principalmente quiere decir elegante, pero en inglés americano, significa inteligente. Y de un tiempo a esta parte Smart-lo que sea, en todos los idiomas del mundo se refiere a que tal “lo que sea” se apoya fundamentalmente en las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) para funcionar.

Por tanto, un territorio inteligente, o una smart island ó city significa, en primer lugar, hacer un uso intensivo y productivo de las TICs en la ciudad, la isla o el territorio del que se trate. Antes de la popularización del término smart (o inteligente), se decía conforme a la moda del momento knowledge-based, o basado en el conocimiento. Si en el año 2000 la Unión Europea estableció el objetivo de desarrollar una economía basada en el conocimiento, ahora el objetivo es que el crecimiento económico sea inteligente. No estoy seguro de que el contenido semántico de estos términos sea el mismo en inglés que en español, pero dejémoslo aquí pues no quiero desviarme del propósito de este post (perdón, reseña).

Veamos, entonces, cuáles son las características diferenciales de estos territorios inteligentes. A fin de cuentas, podría pensarse, ya casi todo el mundo hace un uso, mayor o menor, de las TICs. ¿Se trata simplemente de utilizarlas más?

La respuesta es, como pueden imaginar, que no, que un territorio inteligente es mucho más que eso. Voy a intentar describir el concepto, al menos como yo lo entiendo, atendiendo a tres puntos de vista interrelacionados: el de la ciudadanía, el de la Administración pública y el de las empresas. Creo que ello puede facilitar una aprehensión intuitiva de tan elusivo término.

Desde la óptica ciudadana, particularmente en su relación con las administraciones públicas, el territorio inteligente significará el paso progresivo de los modelos tradicionales de gobierno a otros mucho más participativos, que han venido en llamarse de gobernanza o gobierno abierto. Por supuesto, el acceso a los servicios públicos por medios telemáticos será universal, con una mejor integración entre los distintos procedimientos y administraciones, de forma que se le haga mucho más fácil la vida al ciudadano. Pero eso ya está aquí, simplemente falta un poco de rodaje. Lo que está por venir es la democracia participativa hecha posible por la tecnología. Cierto, ya muchos órganos de las administraciones y, probablemente, la mayor parte de los líderes políticos están en la Web 2.0, esto es, en redes sociales en las que los ciudadanos pueden interactuar. Pero lo que todavía no existe es un verdadero mecanismo de monitorización y control ciudadano de la gestión pública con la posibilidad de influir efectivamente en la misma. Esto vendrá con el open data, o datos abiertos. Ahora las administraciones publican muchísimos datos, pero bucear en los mismos sólo lo hacen expertos. Los datos abiertos no sólo quiere decir que se publiquen, sino que se haga de forma que los sistemas informáticos puedan integrar diversas fuentes, interpretándolas y haciéndolas fácilmente accesible a los usuarios. Para el control ciudadano de la gestión pública esto es fundamental. Cualquier persona podrá indagar de forma muy sencilla sobre los datos de su municipio, isla, región, estado, o globales, provenientes de diversas fuentes, y podrá compararlos y contrastarlos. Lo importante es que el ciudadano en cuestión sólo tendrá que saber qué quiere indagar, por ejemplo desempleo y gasto público  en su municipio, comparado con otros municipios y la media estatal. El sistema informático, con capacidad para interpretar datos, los buscará donde estén, y se los proporcionará, contrastando fuentes y proporcionando una presentación inteligible. Esto le dará un verdadero valor a la interacción con los poderes públicos a través de la red, porque ahora los datos, de antemano, los tiene por igual todo el mundo. La gestión ineficiente será muy pronto aparente, de modo que la participación ciudadana será reclamada por los poderes públicos, para implicarla en la gestión y su resultado. En definitivas cuentas, como dije antes, se trata de hacer posible la democracia participativa. Y, probablemente, ello será mucho más fácil de llevar a cabo de abajo a arriba, comenzando por los barrios y municipios pues es donde el día a día de la gestión pública tiene un impacto más inmediato en la ciudadanía.

Desde la óptica empresarial y del emprendimiento van a surgir innumerables oportunidades de negocio. Muchas para las grandes empresas y, lo que es más importante, muchísimas para las más pequeñas. Se van a desarrollar redes de sensores, muchas de las cuales serán para las administraciones, pero muchas otras serán para los particulares. Por ejemplo, en cada vivienda habrá sensores que monitoricen el gasto de agua, de electricidad u otros parámetros que puedan ser de interés como, por decir algo, la calidad del aire. Y los sensores captarán datos y se comunicarán entre ellos. Harán accesibles los datos, convirtiéndolos en información, tanto a los usuarios humanos como a sistemas automáticos. ¿Han tenido alguna fuga de agua inadvertida? Nosotros tuvimos una en casa, prácticamente imperceptible pero, como suele pasar, justamente unos días que estuvimos fuera. En fin, prefiero no recordar el sobresalto que tuvimos cuando nos llegó la factura pero, al menos, ahora estoy seguro de que, para todo el mundo, será útil tener sensores domésticos que detecten el gasto excesivo del agua y le avisen, cortando el suministro a tiempo. Todos los datos estarán en Internet. Unos serán de acceso público, otros estrictamente privados. Sus fuentes serán mayormente sensores de todo tipo y en todos sitios (otro nuevo término: Internet of Things o Internet de las cosas) y, además, las publicaciones de datos que hagan las organizaciones y los particulares. Las infinitas aplicaciones que pueden imaginarse para hacer útiles esos datos en la vida cotidiana, para que sean comprensibles para todas las personas, no sólo para los especialistas, las harán empresas, principalmente pequeñas empresas.

Y desde la óptica de las administraciones públicas hay una oportunidad gigantesca de mejorar la eficiencia en la gestión, simplemente porque será posible conocer, en todo momento y de forma automática, los datos necesarios para tomar las decisiones oportunas. Las redes de sensores desplegadas en el territorio y la gestión del personal público generarán datos que, de nuevo, los sistemas informáticos podrán interpretar automáticamente. Se tendrán datos continuos relativos a, por ejemplo, la gestión de residuos, o la situación del tráfico, o del recorrido de los servicios de limpieza urbana, de los procedimientos administrativos tramitados en los distintos servicios, todos integrados y preparados para la toma de decisiones.

La tecnología que hará esto posible está disponible, en buena medida sostenida sobre la Web 3.0 o semántica, esto es, capaz de hacer que los sistemas informáticos puedan interpretar los datos disponibles en Internet, algo hasta ahora reservado a las personas. La implantación llevará su tiempo, y habrá que pulir cuestiones no propiamente técnicas sino, digamos, de política e intereses tecnológicos. Tendrán que ver en muy buena medida con el asentamiento de estándares que garanticen la interoperabilidad y el acceso a los datos. Pero, no lo duden, lo veremos más pronto que tarde. En los últimos treinta años hemos visto la implantación de sistemas globales hechos posibles por el asentamiento de estándares. Internet y la Web son dos ejemplos, a los que podemos añadir, entre otros, el teléfono móvil o la televisión digital.

Ya, para terminar, sólo quisiera mostrar una cautela. La tecnología tenemos que entenderla como un instrumento creado por nuestra inteligencia y que debe estar a nuestro servicio, ayudándonos a mejorar la calidad de vida y la cohesión social. No debemos verla como un fin en sí mismo, y no sólo hemos de crearla con inteligencia: debemos usarla del mismo modo, como personas conscientes, miembros de una sociedad avanzada y garantista de nuestros derechos y libertades. Y, ¿por qué digo esto? Simplemente por una cosa: la tremenda capacidad tecnológica que estamos desplegando sería el elixir de la felicidad de Big Brother, el Hermano Mayor omnipresente y tiránico de 1984, la famosa novela de George Orwell. Nuestro ordenamiento jurídico debe evolucionar más rápidamente, para asegurar que nos beneficiaremos de todas las posibilidades que nos brida la tecnología sin, por ello, sufrir una erosión en nuestras libertades y derechos fundamentales. De ello tendremos oportunidad de hablar más adelante.

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Qué es una Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3)?

Durante los últimos dos años, todas las regiones de la Unión Europea y sus Estados miembros han confrontado un críptico acrónimo: RIS3. De hecho, cada vez que se aproxima un nuevo periodo presupuestario plurianual de la Unión Europea, nos encontramos con un buen número de nuevos términos diseñados en Bruselas. Generalmente, tales términos resultan misteriosos, cuando menos, para el profano  y, por qué no admitirlo, también para los expertos en tanto los descifran. Acabamos de comenzar el periodo 2014-2020. Por tanto, nada tiene de novedoso que los funcionarios de las Instituciones Europeas nos presenten una nueva panoplia léxica que aprender.

Sin duda existen buenos fundamentos para estas periódicas innovaciones conceptuales. A fin de cuentas, el mundo en el que vivimos cambia rápidamente. Y, en consecuencia, la altamente cualificada tecnocracia europea diseña nuevas políticas, que deben permitir afrontar los modernos retos al Viejo Continente.

He de confesar que, a veces, he tenido la sensación de que algunos de los nuevos conceptos parecían salidos de un laboratorio: diseños, académicamente perfectos, que todos aceptamos por la auctoritas de los proponentes. En estos casos no ha sido ajena a mi sensación una cierta incredulidad: ¿cuál habrá de ser el resultado de la confrontación de tan elevadas ideas con la cotidiana realidad, lejos de los despachos institucionales?

Pues bien, creo que las RIS3 pueden librar con éxito esa lucha. Y, además, que nos va mucho en que salgan victoriosas. Pero, ¿qué es una RIS3? Es un acrónimo, al gusto de la Comisión Europea: “Research and Innovation Strategy for Smart Specialisation“.  ¿Quién dijo que no era intuitivo?: “R” de “Research”, “I” de “Innovation” y S3, de “S” tres veces o al cubo, por “Strategy”, “Smart” y “Specialisation”. En español resulta algo más largo: Estrategia de Investigación e Innovación  para una Especialización Inteligente. Casi nada.

Descifrado el desconcertante acrónimo, intentaré hacer lo propio con su intimidante significado. Es bien sabido que existe una brecha de competitividad entre la Unión Europea y sus rivales económicos, particularmente EEUU. Pues bien, existe el extendido consenso, entre los economistas, de que la innovación es clave para asegurar la competitividad y el crecimiento económico a largo plazo. También de que una parte importante de la innovación, aunque ni mucho menos toda, se apoya en la investigación científica y sus aplicaciones económicamente productivas.

Parece que el asunto va tomando cuerpo. Tenemos que sustentar nuestra actividad económica en la innovación, y utilizar cada vez más los resultados de investigación en la actividad empresarial. Pero esto no es nuevo. Ya hemos hablado de ello en el post ¡Pero qué pesados con la innovación! Sigamos con nuestra argumentación. La actividad económica, por muy globalizado que esté el mundo, sigue desarrollándose por personas, que viven y trabajan en los distintos territorios. Por tanto, si Europa quiere ser competitiva frente a sus competidores, tienen que serlo sus regiones. Entonces, ¿tienen todas que investigar e innovar? Sí, por supuesto, pero no cada región en todos los campos, sino que cada una debe focalizarse en sus ventajas comparativas y competitivas. En definitivas cuentas, cada región tiene que especializarse en los ámbitos de la economía del conocimiento en los que pueda competir globalmente. Y la determinación de esos ámbitos no puede hacerse por una simple decisión política. Tiene que basarse en la realidad regional y en sus potencialidades diferenciales, mediante un proceso continuo y participativo, de la sociedad y sus agentes, de descubrimiento de las fortalezas y oportunidades regionales.

Soy plenamente consciente de la abstracción del concepto. Pero una vez que lo captamos es muy simple, tanto que parece mentira que sea tan complicado de transmitir. Veamos. El potencial que hay en nuestra sociedad trasciende, en mucho, el que directamente pueda percibir nadie (tampoco los gobiernos) por su cuenta. Hay emprendedores, estudiantes, científicos, profesionales, personas con ilusiones capaces de hacer cosas importantes, si tienen el medio y los medios adecuados. Hay que descubrir a esas personas, a esas empresas y emprendedores, a esos éxitos de investigación. Y, al tiempo, hay que descubrir cuáles son las potencialidades diferenciales de cada territorio, sin olvidar que los saltos en el vacío, sin red, son muy peligrosos. Si no se tiene en cuenta la realidad, sólo viviremos ensoñaciones. ¿Y esto cómo se hace? Pues, ni más ni menos, como deben hacerse las cosas en las sociedades democráticas avanzadas: con participación. Escuchando a todos los que tienen algo interesante que decir, que son más, muchos más, que los que habitualmente tienen los recursos para influir en las grandes decisiones. Las políticas que pretendan descubrir las potencialidades y, efectivamente, aprovecharlas, tienen que ser concebidas, desarrolladas y corregidas colectivamente. También a esto se le ha dado un nuevo término: Gobernanza, del que, por supuesto, hay un Libro Blanco de la Comisión Europea, y que inspira el concepto de RIS3 europeo.

En Canarias hemos dado un paso muy importante para llevar lo anterior a la práctica. Se ha elaborado, colectivamente y con una gran participación de los agentes sociales, económicos, académicos, científicos e institucionales,  un documento estratégico, la RIS3 de Canarias para el periodo 2014-2020. Este documento fue aprobado por el Gobierno de Canarias el veintiséis de diciembre de 2013, y presentado al Parlamento de Canarias, que se pronunció favorablemente, mediante resolución sin votos en contra y con el apoyo expreso de los grupos que apoyan al Gobierno (CC, PSC) y el principal grupo de la oposición (PP), el trece de marzo.

La Estrategia de Especialización Inteligente de Canarias (RIS3) para el periodo 2014-2020 está concebida como una agenda de transformación económica que, partiendo de la realidad actual, debe llevar a un afianzamiento de la economía basada en el conocimiento en 2020. Para ello tiene como primera prioridad el turismo, el pilar de la actual economía canaria, proponiendo que la innovación dé lugar a experiencias genuinas para el visitante pero, también, haciendo que el turismo sea un ámbito de especialización productiva, tecnológica y organizativa, para subsectores proveedores, tales como los de la energía, el agua, las tecnologías de la información, la producción agroalimentaria local, etc. Otra prioridad se refiere al aprovechamiento inteligente de la localización atlántica de Canarias, punto de confluencia geoestratégico entre continentes, y puesto fronterizo de Europa. En particular, se presta atención a la especialización tecnológica (energía, agua,…) para regiones en vías de desarrollo, a ser plataforma de negocios y cooperación en su área geográfica, además de referente cultural. Una tercera prioridad es la valorización socioeconómica de la I+D, focalizada principalmente en áreas en las que Canarias cuenta con una ventaja competitiva: astronomía, actividades marino-marítimas y biotecnología y biomedicina sustentada en la biodiversidad, así como enfermedades tropicales. Además, la estrategia contempla una prioridad para la implantación de la Agenda Digital Europea en Canarias, y otra centrada en el desarrollo sostenible, la protección medioambiental, la bioeconomía y la econinnovación.

Para finalizar este post me permito extraer lo siguiente de la Resolución del Parlamento de Canarias, relativa a la RIS3, además de sugerirles que, si tienen ocasión, puedan leerla:

El Parlamento de Canarias insta a las administraciones públicas, agentes sociales, económicos, académicos, así como a las empresas y al conjunto de la ciudadanía, a que la Estrategia de Especialización Inteligente de Canarias sea respaldada y compartida como proyecto colectivo de modernización económica de Canarias“.

Ahora debemos asumir la RIS3 y hacerla realidad, impulsándola y mejorándola entre todos cada día.  Sin duda un gran reto colectivo que, sólo con convicción, esfuerzo e ilusión seremos capaces de alcanzar.

Somos polvo de estrellas

Pues sí, los avances de la astrofísica durante el S. XX llevaron a tan evocadora conclusión: somos polvo de estrellas. En varias ocasiones tuve la fortuna de oírselo explicar, con cautivadora pasión, al Director Fundador del Instituto de Astrofísica de Canarias, el profesor Francisco Sánchez Martínez. Sin duda habrá quien piense ¿y esto de qué sirve? ¿cuál es el plan de negocio de las costosas infraestructuras científicas que proporcionan un conocimiento tan poético como aparentemente poco práctico? Intentaré hoy dar mi visión sobre el asunto. No voy a esconder mi propósito: confío en contribuir a aminorar el escepticismo sobre el valor humanamente práctico que tiene, para nuestra sociedad, apostar por la ciencia y las infraestructuras que la hacen posible.

Cuando pienso en estas cuestiones, lo primero que me viene a la cabeza no es un razonamiento socioeconómico que, sí, también esbozaré después. La razón de fondo, la que entiendo más importante y la que, personalmente, más me motiva es muy simple: tenemos que prestarle atención a muchas cosas por ellas mismas, porque tienen una belleza intrínseca, porque nos afirma en nuestra condición de seres humanos, curiosos por el mundo que nos rodea y por la posición que ocupamos en el cosmos. ¿Qué sería de un mundo sin curiosidad, sin creatividad, sin cultura? Tal vez sería un lugar funcional, probablemente con óptimos pero, lo siento, sumamente aburridos planes de negocio. Dudo que fuera un mundo con ilusión y con progreso, y, mucho me temo, quedaría estancado en sus propias limitaciones y contradicciones: un mundo mecánico atrapado en sí mismo.

Pienso que la metáfora del polvo de estrellas es una buena explicación del arjé, el elemento esencial del que todas las cosas estaban compuestas y que insaciablemente buscaban los filósofos griegos presocráticos. Sin medios técnicos, pero con perspicacia y curiosidad, nos precedieron hace dos mil quinientos años en la búsqueda de una cosmovisión Tales, Anaxímenes, Anaximandro, Pitágoras, Leucipo y Demócrito: asociaron sucesivamente el arjé al agua, al aire, a lo indeterminado o ápeiron, a los números, y a lo indivisible o átomo. Y ahora sabemos que, efectivamente, todo está hecho de átomos, aunque no son indivisibles y hay muchos distintos, uno por cada uno de los noventa y dos elementos que podemos encontrar en la naturaleza. También sabemos que, al principio del tiempo, el primer elemento en crearse fue el más ligero, el hidrógeno. Según el universo se fue expandiendo, en ciertas zonas se produjeron acumulaciones de hidrógeno, debidas a la gravedad, que se fueron haciendo más y más grandes dando lugar estrellas. La enorme presión en el interior de las mismas producen reacciones de fusión nuclear, por las cuales los átomos de hidrógeno dan lugar a otros nuevos, de helio, desprendiendo gran cantidad de energía. Al final de su vida algunas grandes estrellas, las supernovas, producen gigantescas explosiones ocasionando procesos denominados de nucleosíntesis estelar. En ellos se crean otros elementos, más pesados que el helio, que son regados, por tales explosiones finales, a través del universo. Hidrógeno, helio y los otros elementos más pesados vuelven a acumularse en una segunda generación estelar, a la que pertenece nuestro Sol. Esos elementos, creados en los procesos de nucleosíntesis estelar, son los que conforman todo lo que hay en el planeta Tierra, también a nosotros mismos. Efectivamente, cada uno de los átomos de los que estamos compuestos estuvo en un una supernova, antecesora de nuestro Sol, que tuvo que morir violentamente y fertilizar el firmamento con sus restos para que nosotros podamos vivir. ¡Qué no hubieran dado los filósofos de la Antigua Grecia por saber que somos polvo de estrellas!

Sin la filosofía griega la evolución de lo que ahora llamamos Occidente hubiera sido otra. Los valores sobre los que nuestro progreso se ha sustentado, tal vez, no se hubieran hechos presentes. Fueron principalmente Bizanzio y el Islam los herederos de la cultura griega, a través de los cuales fue posible la introducción de sus enseñanzas, primero en la escolástica medieval y, después, en el Renacimiento humanista. Y fueron la curiosidad y el trabajo, promotoras del desarrollo científico, técnico y económico, las que progresivamente asentaron el dominio de una nueva clase social en Europa, la burguesía. Galileo, hijo de un afamado músico, tuvo que utilizar el ingenio y el trabajo para subsistir. La sociedad basada en el comercio que el Mercantilismo afianzó no hubiera sido posible sin avances en las técnicas de navegación, facilitadas además por un conocimiento astronómico cada vez más amplio. La Revolución Industrial supuso un profundo cambio tecnológico en las formas de producir y de comunicación que, difícilmente,  puede concebirse sin curiosidad científica y medios para satisfacerla. Y así hasta nuestros días.

Francamente, me parece que hay buenas razones en cuanto antecede para que cualquier sociedad apueste por la ciencia y por la tecnología. Pero voy a intentar acercar estas ideas algo más al día a día de todo el mundo, tomando como caso de ejemplo la astronomía.

¿Cuándo fue la última vez que miraron a un cielo despejado y oscuro y se sintieron maravillados por el espectáculo? Tal vez hace tiempo que no han podido hacerlo o que, simplemente, no han reparado en ello. Incluso, es posible, que los jóvenes urbanitas no lo hayan experimentado nunca. Desde hace algún tiempo procuro mirar el cielo estrellado, intento localizar constelaciones, estrellas concretas e, incluso, algunos objetos del espacio profundo. No es necesario gran equipamiento. Kepler sólo tenía su vista y, eso sí, curiosidad, talento y cielos estrellados. Unos prismáticos son más que suficientes para adentrarse en confines que desconocemos. Localizar la galaxia Andrómeda, con aspecto de una mancha elongada y borrosa, a dos millones y medio de años luz de nosotros y con un gigantesco número de estrellas en su interior (parece que en torno al billón), ayuda a relativizar muchas de nuestras preocupaciones. Con buena vista y desde el lugar adecuado no necesitará ni siquiera prismáticos para verla.

Resulta que esta afición por mirar al cielo nocturno sin otro propósito que disfrutar y relajarse con el espectáculo  es compartida por millones de personas en todo el mundo. Ello incluye a unos miles de astrónomos profesionales y a varias cientos de miles de astrónomos amateur pero, sobre todo, a todos aquéllos que, como yo, simplemente le dedican, cuando pueden, ratos libres con distintos niveles de intensidad. Seguro que muchos estarían encantados de poder disfrutar de un cielo realmente estrellado, sin duda compartiéndolo con otras actividades de ocio en sus vacaciones. Para quienes tienen tal sensibilidad y viven en un área metropolitana, con frecuencia, no es sencillo. La polución lumínica lo invade todo, privándonos de un espectáculo del que nuestra especie participó hasta la extensión masiva de la luz eléctrica. A veces me pregunto si la plaga de stress y ansiedad que sufre nuestra generación no tendrá algo que ver con esta privación. Dicen que vale más una imagen que mil palabras y creo, por ello, que lo pertinente es visitar el portal web El Cielo de Canarias, del astrofotógrafo Daniel López, que actualmente expone su obra en el Museo Elder de Las Palmas de Gran Canaria, y que en muchas de las fotografías ha contado con la colaboración del Instituto de Astrofísica de Canarias.

No me cabe duda que habrá muchas personas que, a la hora de planear sus vacaciones, puedan considerar como elemento diferencial en relación a otros destinos el cielo. Si un cielo es adecuado para dos de los principales observatorios astronómicos del planeta, sin duda, será un aliciente para quien, además de ir a la playa, al monte o a las actividades de ocio que le apetezcan, valore ese cielo maravilloso. En una isla como La Palma, con una actividad turística reducida, estoy convencido que puede suponer un revulsivo económico contar con unos miles de astrónomos aficionados que la visiten cada año  con el reclamo de que es el lugar elegido para, entre otros, el más potente telescopio óptico del mundo, el Gran Telescopio Canarias, que vio su primera luz en 2007. En la misma isla nos encontramos uno de los telescopios de mayor productividad en la historia de la astronomía moderna, el telescopio británico William Hershel, que vio su primera luz en 1987, y pertenece al grupo de telescopios Isaac Newton de los que, por cierto, uno, el que justamente lleva el nombre del inmortal físico inglés, había sido previamente instalado en 1967 en el Observatorio de Grenwich y fue trasladado a la isla de La Palma, al conocer la calidad de su cielo, reiniciando la operación en 1987. En definitivas cuentas, estoy convencido que es posible crear un producto turístico de calidad en que uno de sus elementos genuinamente diferenciales sea, precisamente, la calidad del cielo de Canarias.

Sigamos hablando de cuestiones prácticas. El Gran Telescopio Canarias es un proyecto español, que ha puesto a la industria tecnológica de nuestro país a la vanguardia internacional en su campo. Las empresas que construyeron el telescopio, mayormente españolas, pudieron demostrar su buen hacer en un proyecto de alto impacto y visibilidad internacional que, con toda seguridad, les hace acreedoras de una experiencia que ya están haciendo valer en otras licitaciones internacionales. Por otro lado, los telescopios internacionales instalados tanto en el Observatorio del Teide, en la isla de Tenerife, como en el del Roque de los Muchachos, en la isla de La Palma, y que conjuntamente constituyen el Observatorio Norte Europeo (hay otro en el sur, en Chile, pues lógicamente el cielo que se observa desde cada hemisferio es distinto), han supuesto una importante inversión directa internacional en su fase constructiva, así como una demanda de servicios tanto comunes como altamente especializados para atender sus necesidades. Además, ofertan oportunidades de empleo enormemente cualificado a científicos e ingenieros canarios y españoles. De hecho, todos los años, al gasto directo financiado por el Estado y la Comunidad Autónoma en el Instituto de Astrofísica de Canarias y el Gran Telescopio Canarias, hay que añadirle una cuantía semejante aportada por los distintos socios internacionales para el mantenimiento y operación de sus telescopios.

¿Y cuáles son los nuevos retos en el ámbito científico y tecnológico del que estamos hablando? Pues ni más ni menos que se instalen en Canarias dos nuevos grandes proyectos internacionales, con una inversión directa total de unos trescientos millones de euros y, aproximadamente, un diez por ciento de tal cantidad de coste anual de operación y mantenimiento.  Serán los consorcios internacionales promotores de ambas infraestructuras los que las costeen, si bien esperan de los distintos países candidatos algún tipo de contribución que será valorada en la selección final del emplazamiento. Se trata, por un lado, del Array de Telescopios Cherenkov, que requiere emplazamientos simultáneos en ambos hemisferios y estará dedicado a la detección y estudio de radiación gamma proveniente de los confines del universo. Y, por otro lado, tenemos al Telescopio Solar Europeo que, con cuatro metros de diámetro, será el más potente instrumento de la física solar mundial.

Que estos dos proyectos vengan a Canarias y, por tanto, a España supondría una importante inversión internacional directa, oportunidades de contratos para nuestras empresas de alta tecnología, empleo cualificado para algunos de nuestros mejores físicos e ingenieros, y nuevas posibilidades de creación de empresas especializadas que adapten la tecnología a otras finalidades en campos tan diversos como la óptica, la medicina o el sector aeroespacial. Pero no sólo eso, nos dará un buen motivo para recuperar la confianza en nuestras propias posibilidades y proyectaremos una imagen, interior y exterior, de la que todos nos sentiremos orgullosos. Por ello la nueva Estrategia de Especialización Inteligente (RIS3), aprobada por el Gobierno de Canarias a final de 2013, incluye la previsión de aportar, mediante fondos estructurales, un diez por ciento de la inversión directa internacional que venga a Canarias para tales proyectos de infraestructuras científicas, y de otros que pudieran surgir, en este u otros campos, en el periodo 2014-2020.

Ciertamente los científicos deben estar comprometidos con el desarrollo social y económico de su entorno, tanto autonómico como estatal, además de con sus intereses de investigación. No me cabe duda que, en general, lo están. Pero no podemos pretender descargar sobre ellos una responsabilidad que compete, principalmente, a quienes tienen que facilitar las condiciones para el aprovechamiento socioeconómico efectivo de las oportunidades que proporciona la I+D de excelencia. Por supuesto, todas las instituciones e infraestructuras científicas tienen que asegurar su sostenibilidad económica, no originando costes que no podamos pagar. Pero cuando se les plantea a los científicos que realicen planes de negocio de orientación empresarial, para evaluar el esfuerzo público que merecen recibir, no podemos olvidar que tal negocio es de la sociedad en su conjunto. Hay que considerar, por tanto, las externalidades positivas que se generan y cuyo payback es indirecto y diferido. Y la valoración de tales externalidades es una tarea política, consistente en la mejor asignación de los recursos públicos, conforme al interés de la sociedad en su conjunto.

Por tanto, ¿planes de negocio en la ciencia? de acuerdo, aunque no me satisfaga este término para la que es de titularidad pública. ¿Criterios de eficiencia y sostenibilidad económica de las entidades e infraestructuras científicas? por supuesto, de todas.

Pero, tengamos claro qué apuestas nuestra sociedad no puede perder: la ciencia y las grandes infraestructuras que la hacen posible están entre ellas.