Jun, o la capacidad transformadora de la sociedad de la información

Jun es un pequeño pueblo de la Vega granadina, que recientemente ha saltado a los medios de comunicación por su fenomenal desempeño en la sociedad de la información. Tanto es así que su caso ha sido estudiado por investigadores del muy reputado Instituto Tecnológico de Massachussetts (MIT). Puede consultarse, por ejemplo, el artículo The Incredible Jun: A Town that Runs on Social Media, publicado por William Powers y Deb Roy, miembros del prestigioso MIT Media Lab. También pueden verse las múltiples referencias publicadas por los distintos medios, entre otros muchos, Twitter quiere parecerse a Jun, en El País,  Jun, el pueblo más tuitero de España, un caso de estudio, en El Mundo, o Jun, el pueblo que se convirtió en modelo para MIT por su uso revolucionario de Twitter, en la BBC en español.

Probablemente la mayor parte del público desconociera la existencia de este pueblo en el momento de leer tales reseñas. Sin embargo, en mi caso, además de la muy positiva referencia actual, tenía otra, cien años atrás. Muy distinta. Siendo niño y joven adolescente solía ir los veranos a Granada, pues de allí procede mi familia paterna. Mi padre perdió al suyo por una inoportuna infección que sufrió mi abuelo, consecuencia de un balazo recibido en la Guerra Civil, que le dejó alojado durante varios años en su cuerpo un proyectil imposible de extraer. Sería un hermano de mi abuelo, Tito Pepe, quien haría las veces del padre que al mío le faltaba y, con el tiempo, de abuelo paterno de mi hermano y mío. Pues bien, Tito Pepe estaba casado con Tita Anita, oriunda de Jun, y que había tenido una experiencia infantil terrible en su pueblo. Recuerdo perfectamente cómo refería la historia casi cada vez que la veía. Ella fue una niña pobre y analfabeta, circunstancia que entendí era norma en el pequeño pueblo a principios del S. XX, con una escasa población, entonces, de unos 450 vecinos dedicados a trabajar el campo. Correspondería a un cura el dudoso mérito de iniciar sexualmente a Tita Anita, dejándola embarazada, siendo todavía una niña. “Yo no entendía de . Éramos mu brutos”, se disculpaba cada vez que lo contaba, a lo que su marido añadía alguna referencia sobre lo sinvergüenza que era el cura en cuestión. Años después Tita Anita y Tito Pepe se conocieron en Granada, mientras ella, madre soltera, vendía flores en la ciudad. Vivieron toda su vida juntos, haciendo frente a los prejuicios de su época, sin tener más hijos, ayudando a mi abuela viuda con mi padre. Hace ya años que ambos fallecieron pero, a buen seguro, hubieran sentido una incrédula emoción de haber conocido el cambio dado por Jun. De hecho, a mí me ha emocionado este contraste, entre dos situaciones separadas un siglo. Sí cien años es mucho tiempo, pero han pasado para todos en igual medida. Quien como Jun, partiendo por lo que entiendo desde una situación de desventaja, se ha puesto a la cabeza mundial de la sociedad de la información, tiene sobrados motivos para la satisfacción y el orgullo. Y a los demás, nos ha dado un magnífico ejemplo que debiéramos conocer y tener muy en cuenta.

Pero, ¿en qué consiste la experiencia cibernética de Jun? Básicamente se trata de utilizar Twitter como canal de comunicación entre los vecinos y los responsables y trabajadores municipales, encabezados por su Alcalde. Si hay una farola rota, una fuga de agua o hay cualquier incidencia en el pueblo, cualquier vecino que la advierta remitirá un tuit. De forma inmediata se recibirá una contestación abierta por el mismo canal, dándose el Alcalde o alguien de su equipo por enterados de la circunstancia e informando que proceden a resolverla. El trabajador municipal encargado de solventar la situación informará también por Twitter de su resolución. Es un indudable ejercicio de acercamiento de la gestión municipal a los vecinos, que conocen en cada momento de qué manera se resuelven las cuestiones que les interesan. Y aunque pueda pensarse incómodo el ojo fiscalizador del ciudadano, constantemente observando la gestión de políticos y trabajadores municipales, parece que éstos ven mucho mejor reconocido su trabajo por sus conciudadanos con la importante renta psicológica que ello conlleva.

Esta experiencia social basada en las tecnologías de la información es un auténtico Living Lab, que los expertos en la materia ya están analizando para extraer conclusiones sobre su portabilidad a otros entornos. Ciertamente, parece factible replicar la experiencia en otras pequeñas poblaciones, ya que Jun tiene unos 3500 habitantes en la actualidad. Sin embargo ello necesita, en primer lugar, la convicción de los gobernantes de que las tecnologías de la información son idóneas para hacer realidad una democracia participativa. Es necesario entender que el mundo ha cambiado y que, tal vez, estemos en una época en la que los responsables públicos, más que patear la calle (que también), deben estar directamente presentes en las redes sociales. La transparencia en la gestión pública y la cercanía con la ciudadanía necesariamente avanzará en tal dirección. Jun y su Alcalde, José Antonio Rodríguez Salas, con su liderazgo lo han demostrado y han dado un gran ejemplo a emular por los demás. Y no se trata sólo de la interacción vía Twitter. Una muy recomendable visita al portal del Ayuntamiento de Jun, o al portal Ciudadan@ de teledemocracia activa, da buena muestra del mérito cibernético del municipio. Sin duda es de particular interés para quienes estamos convencidos del papel que la tecnología ha de jugar, tanto en la mejora de la calidad de la democracia como de la prestación de servicios públicos, aportando transparencia y cercanía. Innovación en estado puro para gestionar mejor las necesidades de la gente.

Habrá que ver cómo escalar la experiencia a núcleos urbanos de mayor dimensión. Habrá que aprovechar todas las posibilidades que ofrecen las tecnologías de la información para acercar los gobiernos a los ciudadanos, y mejorar con ello la calidad de nuestra democracia. Considerando que el Alcalde de Nueva York, Bill de Blasio, tiene 207.000 seguidores en Twitter, habiéndose unido en enero de 2009, y el de Jun 352.000, incorporado a dicha red social desde febrero del mismo año, parece claro quién tiene, al menos por el momento, el liderazgo. ¡Quién se lo diría a Tita Anita! Su pequeño pueblo, un ejemplo para el mundo. Enhorabuena.

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