Nuestra Universidad

La Universidad es una institución milenaria. Como tal ha tenido una importancia determinante en la progresiva conformación de los aspectos más notables, de más elevada humanidad, que alberga la sociedad en la que vivimos: las libertades y el avance del conocimiento. No en vano la Universidad medieval promovió las siete Artes Liberales, disciplinas cultivadas por las personas libres, en oposición a las artes serviles, propias de quienes no lo eran. Bien es sabido que tales estaban conformadas por las tres vías dedicadas a la elocuencia, o Trivium, y por las cuatro dedicadas a las matemáticas, o Quadrivium. Gramática, dialéctica y retórica, junto con aritmética, geometría, astronomía y música componían el currículum educativo que Alcuino de York elaboró a finales del S VIII para la Escuela Palatina de Aquisgrán, recuperando el saber clásico de la Antigüedad y ofreciéndolo a las incipientes universidades que, lideradas por la Universidad de Bolonia, contribuyeron a transformar la realidad europea desde finales del S XI. Los Estudios Generales de la primera universidad se caracterizaron por estar abiertos a estudiantes de cualquier procedencia geográfica, utilizándose el Latín como lengua común, y por contar con profesores especializados en las cuatro Facultades que componían su currículum: las siete Artes Liberales, la Teología, la Medicina y el Derecho. La recuperación del Derecho Romano por los Glosadores de Bolonia, así como su influencia en el desarrollo del Derecho Común Europeo y en el establecimiento de Administraciones especializadas precursoras de las modernas estructuras políticas que ordenan nuestra convivencia es, junto con otras muchas, una hazaña de la institución universitaria.

La moderna universidad no sólo hereda un espíritu intelectual cultivado durante un milenio, sino que, en continua evolución, ha mostrado ser el más formidable instrumento de mejora de la sociedad y de su bienestar. Son sus características el amor al conocimiento, a su generación y a su intercambio, la capacidad inventiva e innovadora, el compromiso con el entorno social circundante, la movilidad para que fluyan las ideas entre personas y territorios y, por supuesto, un concepto de comunidad entre profesores y estudiantes, cuya importancia queda mostrada al dar nombre a la institución: universitas magistrorum et scholarium, esto es, corporación de maestros y estudiantes que, en la actualidad, no puede entenderse sin la esencial contribución del personal de administración y servicios.

La Universidad de nuestro tiempo, sin duda, es heredera de los valores milenarios que caracterizan a la institución y han asegurado su permanencia y expansión. Al tiempo, debe contribuir a afrontar los grandes retos de la sociedad moderna, advirtiéndolos, estudiándolos, implicándose en su resolución y, para ello, innovando su propia concepción de la realidad y su organización interna. Los grandes retos a los que se enfrenta el mundo moderno son inabordables mediante esquemas reduccionistas, puramente sectoriales. Necesitamos enfoques sistémicos, que consideren el conjunto de cada gran reto como tal, no como una simple descomposición en partes, sin perjuicio de la oportuna ordenación material que en cada caso sea necesaria para abordarlos. Ello demanda la aportación crítica, constructiva y multidisciplinar del conjunto de la comunidad universitaria. Los problemas de nuestra sociedad no suelen ser simples. Necesitan un enfoque holístico en el que cada cual aporte y desarrolle sus mejores capacidades para contribuir a su solución mediante la formación, el avance del conocimiento y la innovación.

Nuestra Universidad, la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, ha de estar implicada en la resolución de los grandes problemas de nuestro mundo y, de forma particular, en los que afronta Canarias. Ha de ser una Universidad que, desde su autonomía, apueste por el avance del conocimiento y la formación de profesionales con capacidad transformadora y de liderazgo, intelectualmente críticos y autónomos. Una Universidad abierta al intercambio y al flujo de ideas entre personas y territorios, solidaria con las regiones que luchan por su desarrollo. Una Universidad decididamente comprometida a proporcionar la mejor formación para acabar con la lacra del desempleo, impulsando para ello nuevos proyectos que, desarrollados en Canarias tanto por agentes públicos como privados, generen oportunidades profesionales para nuestros jóvenes egresados y prosperidad para el conjunto de la sociedad. En definitivas cuentas, una Universidad entendida como comunidad de profesores, estudiantes y personal de administración y servicios, solidaria y abierta a la sociedad, comprometida con el avance del conocimiento, el desarrollo sostenible, y el empleo de calidad en el marco de la nueva economía global.

Por todo ello, la ULPGC debe aspirar a ser el agente catalizador de los grandes objetivos estratégicos, fijados en los distintos niveles de gobernanza, mundial, europea, española y canaria, haciendo una aportación genuina y diferenciada a través de sus programas de formación, investigación e innovación, y desarrollando los modelos de gestión que aseguren su éxito y protagonismo. Y, por supuesto, realizando una aportación crítica e independiente, en el marco de cuantas estrategias, programas y planes se promuevan, para mejorarlos, proponer su cambio o impulsar otros nuevos. Los objetivos y agenda mundial de desarrollo sostenible, establecidos con el horizonte temporal de 2030 por la Conferencia de Naciones Unidas sobre Desarrollo Sostenible o Cumbre de la Tierra de Río de 2012 (Río+20) y la Cumbre de Nueva York de 2015, así como la Estrategia Europa 2020, para procurar un crecimiento inteligente, sostenible e integrador, de la Unión Europea son dos referencias de la máxima relevancia.

Ciertamente me gustaría ver avanzar  por tal senda a nuestra muy querida Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, leal y eficazmente liderada por el equipo rectoral que resulte del proceso electoral actualmente en curso, con un proyecto integrador de todas sus sensibilidades.

Anuncios

Tras el debate: Potenciemos la marca #CanariasIDi

El pasado viernes 17 de abril, aproximadamente entre las 10 y las 11:30 de la mañana, celebramos una experiencia pionera e innovadora de apoyo a la I+D+i en Canarias: los dos rectores de ambas universidades públicas canarias, esto es, el Prof. Eduardo Doménech, por la Universidad de La Laguna (ULL),  y el Prof. José Regidor, por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC); el director del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), Prof. Rafael Rebolo, el director de la Plataforma Oceánica de Canarias (PLOCAN), Dr. Octavio Llinás, y el director de la Agencia Canaria de Investigación, Innovación y Sociedad de la Información del Gobierno de Canarias (ACIISI), que esta líneas escribe, mantuvimos un debate abierto en Twitter sobre la I+D+i en Canarias, identificado con la etiqueta (hashtag) #CanariasIDi. El debate puede consultarse en https://tagboard.com/CanariasIDi/search y dio lugar a unos 700 Tweets. Además, su resultado fue recogido en varios de los principales medios de comunicación de Canarias.

El debate fue muy ilustrativo, además de enormemente correcto. Las personas que participaron mayormente tenían una verdadera preocupación y opiniones sobre la I+D+i y su papel en nuestra sociedad. De hecho, pienso que hay posiciones ampliamente compartidas, tanto por los colectivos involucrados en la I+D+i como por las personas que tenemos la responsabilidad de su gestión: financiación insuficiente, escasas opciones para los jóvenes en este ámbito, poca implicación del sector privado, necesidad de rejuvenecer y estabilizar plantillas en el sector público,…

Aparentemente casi todo el mundo tiene una opinión positiva de la ciencia, la tecnología y la innovación. Sin embargo, no somos capaces de impulsarla como nos gustaría. ¿Por qué no? ¿Qué pasa? ¿cuáles son las dificultades? Aquí van algunas de mis ideas al respecto:

  • No hay una verdadera percepción de la necesidad de prestarle atención a la ciencia, la tecnología y la innovación. Cierto que vivimos en un mundo tecnológico y sustentado en la ciencia. También que el conjunto de la sociedad muestra una cierta curiosidad hacia tales ámbitos. Pero no creo que esté asentada la idea de que tenemos que hacer esfuerzos para impulsar la ciencia, la tecnología y la innovación aquí también, aún a costa de tener que renunciar a otras cosas. Dicho de otra manera, no creo que haya una predisposición, ni social ni política, a asumir los costes de oportunidad que un verdadero desarrollo de la sociedad del conocimiento comporta. Si viene y es gratis, todo el mundo lo celebrará. Pero si es a cambio de dejarse algo por el camino, esto es, si realmente es necesario priorizar, mucho me temo que ya no existe tan buena predisposición.
  • En otras economías, la I+D+i juega un papel importante en la competitividad y productividad empresarial. Hay empresas que hacen verdaderos avances científicos y espectaculares desarrollos tecnológicos. Han sido emprendedores y empresas privadas las que han impulsado los avances tecnológicos que han configurado nuestra sociedad a lo largo del S. XIX y del S. XX.  Ni el ámbito académico, ni el de la ciencia pública han sido los protagonistas, aunque hayan sido clave en la generación del ecosistema que ha hecho posible las innovaciones.
  • Sin embargo, en nuestro caso, la práctica ausencia de actividad empresarial sustentada en la I+D ha tenido por efecto que la investigación científica y el desarrollo tecnológico sean materias prácticamente de monopolio público. La brecha entre el ámbito científico-académico y la industria existe en todos sitios, pues cada cual tiene roles distintos que atender en la sociedad. Pero la brecha se vuelve insalvable cuando la actividad productiva no requiere apenas de la ciencia y la tecnología. Es más, no hay una demanda de los sectores productivos para que los poderes públicos promuevan la I+D, probablemente porque no se advierte como necesaria para tal actividad productiva.
  • Por tanto, es el sector público el que de forma prácticamente única soporta el peso de la I+D en Canarias, Aún así, el peso de la I+D en las políticas públicas es inferior al de otras CCAA españolas, a su vez, inferior al de otras regiones europeas. Es lógico, si no hay un sector privado que aproveche tal esfuerzo público, generando crecimiento sostenible y empleo de calidad, ¿puede ser una prioridad para los poderes públicos en un momento de enormes restricciones financieras? Ciertamente, la crisis económica ha desplazado a la I+D de la agenda social y política en Canarias, y en el conjunto de España.

Es fácil entender el círculo vicioso en el que estamos atrapados: no tenemos un sector productivo innovador, que aproveche y demande la ciencia y la tecnología. Por tanto, los poderes públicos, principalmente preocupados en la gestión del corto plazo, no tienen el estímulo socioeconómico para promover políticas de soporte, no ya de la I+D, sino tampoco de la innovación. Y lógicamente, la ausencia efectiva de tales políticas públicas no permite promover la innovación en la actividad productiva privada, que facilite la presencia de nuevas empresas intensivas en conocimiento que procuren  un alto valor añadido al PIB y saquen partido del talento, la creatividad y del esfuerzo público en la educación. Y no se trata sólo de empresas de alta tecnología. Se trata de la brecha en productividad derivada, por ejemplo, de una insuficiente penetración de las tecnologías de la información y las comunicaciones en el conjunto de las PYMEs de Canarias, o de otras tecnologías innovadoras.

En mi opinión, la importancia de la experiencia #CanariasIDi no está tanto en las concretas aportaciones, indudablemente interesantes, que se hicieron, como en el hecho de que es una llamada de atención para dejar patente que la ciencia y la tecnología, con su hija la innovación, requieren del amparo social y la determinación política. No de la política partidista del corto plazo, sino de la política en la más noble y elevada de sus acepciones: la que configura participativamente el futuro de una sociedad madura y democrática. Con dificultades y con retos. Con compromiso y con la determinación de alcanzar el futuro que deseamos.

No debemos dejar que la pequeña llama encendida el viernes con #CanariasIDi se apague. Entre tod@s, hagamos realidad el sueño de la I+D+i en Canarias, como pilar de una sociedad próspera, inclusiva y solidaria, capaz de dejar su huella en el devenir de la Humanidad.